El estado de Hidalgo lleva a cabo elecciones municipales en un entorno que difícilmente puede ser más adverso, pues la entidad no solo cojea por altos niveles de inseguridad y una crisis económica sin parangón, sino que tiene enfrente a la peor pandemia en un siglo.

Consciente de ese riesgo, incluso el gobernador Omar Fayad pidió el 19 de agosto pasado a la Secretaría de Gobernación, al Instituto Nacional Electoral (INE) y al Consejo de Salubridad la suspensión de las elecciones hasta en tanto hubiera condiciones sanitarias favorables. Pero la petición fue olímpicamente ignorada.

Antes Morena formalizó su petición de postergar las elecciones, pero en todos los casos fue rechazada, incluso por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Así que en Hidalgo arrancaron las elecciones el 5 de septiembre, con el semáforo epidemiológico en naranja y en momentos en que la Secretaría de Salud federal contabilizó 10 mil 915 hidalguenses contagiados por el virus y mil 699 víctimas mortales, de acuerdo con el corte dado a conocer el 7 de septiembre.

Recientemente el consejo general del INE aprobó el protocolo de atención sanitaria y protección a la salud, para la operación de las casillas el día de la jornada electoral, que se llevará a cabo el 18 de octubre.

El documento establece directrices para evitar contagios durante el día de las votaciones, y habla de medidas como el uso de cubrebocas para funcionarios de casilla, sanitización de las mesas directivas, dotación de trípticos para que el votante sepa cómo votar sin riesgos, entre otras.

Sobre las campañas, el Instituto Estatal Electoral de Hidalgo (IEEH) emitió un documento en el que emite recomendaciones para que los candidatos lleven a cabo sus actividades proselitistas sin riesgo. Sugiere a los candidatos uso de cubrebocas, lavarse las manos, no escupir –es en serio–, y tampoco saludar de beso, mano o dar abrazos. Las medidas que todos conocemos.

El documento también indica medidas de protección para cuando se lleven a cabo actividades en espacios abiertos o cerrados, y establece una concentración máxima de 50 personas, así como llevar a cabo desinfecciones constantemente en los lugares donde se hagan actos de campaña.

También llama a evitar visitas domiciliarias y evitar usar materiales de promoción del voto que sean manipulables. En cambio, pide a los aspirantes organizar debates virtuales y emplear nuevas tecnologías para promover el voto.

Pero la realidad, como siempre, se encarga de demostrarnos que el mundo de las ideas no necesariamente coincide con ella.

Lo que hemos visto, a cuatro días de haber iniciado campañas, es todo lo contrario. Algunos aspirantes salieron a las calles en caravana a saludar a la gente. Caminaron en tianguis, fueron a tocar puertas, y han organizado encuentros en lugares cerrados. El resultado: ya apareció el primer candidato contagiado. Se trata de Tomás Alonso García Cerón, aspirante a alcalde por San Agustín Tlaxiaca, quien se encuentra grave pero estable en una clínica particular desde el lunes. Y que, faltaba más, no se bajará de la campaña.

Esto ocurre cuando apenas han pasado cuatro días desde que comenzó el periodo de campaña. ¿Cuántos contagiados habrá al final, y cuántos dejarán la jornada electoral? Y lo más importante, ¿asumirán su responsabilidad las autoridades que tuvieron en sus manos la posibilidad de posponer las elecciones?

[email protected]

Comentarios

Artículo anterior“Democracia”
Artículo siguienteProponen prevenir dificultad en toma de protesta de suplentes
Avatar
Periodista desde hace más de una década y director del diario Libre por convicción Independiente de Hidalgo. Es licenciado en comercio exterior por la UAEH y licenciado en lengua y literaturas hispánicas por la UNAM. Colabora como articulista en el diario que dirige y también en el portal SDPnoticias.com. Fue reportero en el semanario Aljibe y Síntesis Hidalgo. Trabajó para los periodistas Ricardo Alemán y Estela Livera en un programa de investigación. En 2007 ingresó a trabajar a Bermellón, Edición e Imagen, despacho donde se desempeñó como jefe de redacción hasta 2009. Es colaborador de la editorial Elementum desde 2010.