Diciembre, que para los habitantes de la gran Aztlán es un mes de fiestas, alegrías y renovación de energía con la madre Tierra. Las nubes que presagian un horrendo huracán están cubriendo los cielos de este noble territorio.
Esto lo sabe el círculo infernal porque su ministro estrella el hijo del rey gordo de Cempoala desde hacía varios meses les advertía que sin los ingresos del chapopote y con los bajos ingresos de otras exportaciones la economía pendía de un hilo.
Pero lo que más asustó al funcionario fue el triunfo a la presidencia imperial del piel roja cara pálida “el señor del engaño”. Este nuevo emperador de las tierras del norte verdaderamente odia a Aztlán, se especula que cuando él era adolescente su primer amor lo dejó por un chichimeca que trabajaba en su gran tipi; otros hablan que los mayas no se dejaron burlar por este personaje y lo hicieron perder mucho cacao. Pero la principal razón es que como todo capitalista multimillonario está acostumbrado a estafar y robar (lo saben los cochimíes y cucapás).
Este personaje como muchos de las tierras del norte ha sido criado dentro del racismo, el dogmatismo religioso y la ambición material y saben que para obtener riqueza tienen que arrebatárselos a los prójimos. Y los prójimos somos los habitantes de la gran Aztlán y el pretexto va a ser que tenemos que pagar un muro para dividir las tierras de las siete cuevas.
El señor del engaño olvida que la tierra es de sus habitantes originales y para apropiársela exterminaron a muchos hermanos indígenas y que ese hecho no le da ningún derecho de reclamar a nuestros pueblos de la madre Tierra el pago alguno por lo que no es de su propiedad y porque no existe el cacao suficiente para pagar la muerte y el despojo de lo nuestro.
Pero, ¿qué es lo que más desespera a los habitantes de la gran Aztlán? La actitud fría, distante, somnolienta, temerosa, desconfiada, triste, torpe, estúpida del pequeño emperador y el círculo infernal. Aún no saben descifrar qué va a pasar dentro de unos días, no saben si robar más cacao del presupuesto y huir de Aztlán como ya lo hicieron otros, si ponerse a estudiar el idioma del norte para aprender a decir “sí señor, usted es la luz, lo mejor para la gran Aztlán es que usted la gobierne o me pongo como usted guste”. Pero eso sí, jamás la propuesta de la izquierda de reorganizar los pueblos para resistir la invasión del norte.
Y mientras la economía se va a pique, ya no hay cacao para pagar, salarios, chapopote y faltan medicinas en los hospitales y clínicas. Hasta la clase media acostumbrada a cerrar los ojos ante todo lo que hace el círculo infernal hoy está indignada por la falta de chapopote, el caos urbano y su descenso de nivel de vida. Y lo peor, los ejércitos se sublevan y ya no hacen caso al círculo infernal (será porque ya no necesitan el cacao gubernamental).
Así que enero no va a ser la cuesta porque puede ser el precipicio político para los hoy gobernantes.
Y qué le queda a los habitantes de la gran Aztlán, creo que somos herederos de pueblos milenarios y que siempre hemos enfrentado a los enemigos que llegan a destruirnos y creo que lo más importante es hacer un llamado a las tribus de la gran Aztlán a unirse y prepararse de nueva cuenta a resistir al hombre blanco barbado que amenaza con robarse lo poco que nos queda y que recuerden, mayas, zapotecas, mixtecos, nahuas, chichimecos, hñahñus, totonacos, purépechas, tarahumaras, yaquis, que somos uno en la lucha.
Y que los pueblos hermanos del norte, sioux, apaches, cherokee, seminolas, les recordamos que no están solos y con ustedes defenderemos a nuestras culturas ancestrales, a la madre Tierra y a la vida.

Ixkichka tepanaualistli mochipan.

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