El sexenio 2012-2018 ha parecido a la gran Aztlán el más largo de su historia, aunque han pasado más de cinco gobiernos imperiales en que los cárteles de la droga han influido en la política imperial. Este último gobierno ha sido el más débil y donde se descaró la presencia en todos los ámbitos del gobierno los cárteles. Sin recato se incluyó representantes de los cárteles en los diferentes ministerios del gobierno imperial y desde ahí han organizado el comercio de la droga. Estos verdaderos gobernantes se han encargado de administrar la violencia que implica un comercio ilegal de millones de granos de cacao y convirtieron al país en un enorme cementerio con fosas por aquí y por allá, tanto en los territorios totonacos, como en los yaquis, en los mixtecos como en la tarahumara.
Estos gobiernos han entregado las riquezas del país a manos extranjeras como un medio para que su mejor negocio no sea importunado. Para ello han reprimido al pueblo de esta gran nación o lo han asesinado para mantenerlo a raya con el fin de no afectar los negocios (que dirán los inversionistas extranjeros si descubren un México violento).
Pero, Aztlán no soporta más, y lo saben los gobernantes porque la última farsa electoral en la Mazahua la perdieron y tuvieron que cambiar los números para que el primo del pequeño emperador fuera impuesto y de esta manera controlar ese territorio el año venidero en que debe haber elecciones para elegir nuevo emperador.
Sus mañas políticas las han aplicado estos dos últimos años primero en publicitar que el candidato Chontal es un populista peligroso y de esta manera endosarle todos los males habidos y por haber para convencer al pueblo de que no serviría como gobernante. Pero es el 2017 en que los cárteles del poder han sido más dinámicos por un lado convencieron a los partidos de la tortilla y del Sol a organizar un frente dizque amplio para sacar un candidato ciudadano. El pueblo, sabedor de las maldades de esos dos, prontamente desinfló esa maniobra política. Ante esto, el partido del emperador diseñó otro plan B y es sacar un candidato independiente simpático a los sectores ricos (clases medias y altas) y profundamente religiosos que se persignan diario ante Quetzalcóatl y que no se identifique con los cárteles, con el fin de detener los apoyos que estaba consiguiendo el Chontal con esas clases sociales. El gobierno del pequeño emperador sabe que ni con esos bloques sociales le alcanza, pero con ese plan cree que el fraude numérico que ha aplicado a las elecciones en Aztlán es más fácil imponerlo.
En este último plan van a jugar un papel especial los partiditos y los políticos acostumbrados a los mendrugos de cacao que los narcopolíticos les avientan y que elección tras elección se vuelven muy críticos y demócratas dando consejos al pueblo de no confiar en aventuras sociales fallidas y que el único camino es seguir el que sus amos han designado. Estos individuos no se dan cuenta que son tan responsables de los más de 150 mil muertos del país, de los más de 20 mil desaparecidos, de los muertos estudiantes, luchadores sociales y periodistas que el narcopoder ha mandado asesinar.
Así que, y en lo único que sí tiene razón el pequeño emperador y su élite es que en 2018 se juega el futuro de México, o aceptamos un nuevo gobierno del narcótrafico y sus secuelas de violencia y muerte, o nos decidimos de abrir el camino a una sociedad en que la vida humana sea lo más importante. Así que desde este espacio grito, ¡tribus de Aztlán, enorgullezcan su estirpe!

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