Las crónicas de Aztlán. La comunidad del infierno

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Raúl Rodarte García

Hace mucho la gran Aztlán se ha vuelto un infierno dividido en pequeños avernos cada cual gobernado por un grupo maléfico que decide quién vive y quién muere, quién progresa y quién es enviado a las mazmorras de la tortura eterna. En estos subreinos de terror gobernados por pequeños diablos y demonios ellos utilizan máscaras, que los hacen parecer demócratas y populares y creen que con esos disfraces la población de la gran Aztlán puede creer y apoyar la gran mentira de despojo en que han convertido este noble territorio.
Pero al final, en el infierno no se conoce la lealtad, la honestidad, el respeto, la solidaridad, el amor. La comunidad que habían formado el grupo del último jeroglífico, el cartel de los totonacos con el de las tribus del pacífico se ha roto, día tras día las ambiciones de cada uno empezó a crear problemas ya que se han querido fortalecer mermando el poder y el territorio del contrario con el único fin de tomar por asalto el gobierno central dominado por el cartel de los totonacos.
El cartel de los totonacos para detener la expansión del grupo del último jeroglífico y poder debilitar al cartel de las tribus del Pacifico aprovecharon el periodo de renovación de los gobernantes locales para quitarles la administración de sus territorios, así que jugaron con los políticos de oposición que siempre han sido sus aliados para que en las elecciones salieran victoriosos y así desplazarlos y acabar con ellos de una vez por todas. Esta jugada fue maestra porque desde el gobierno central se filtraron pruebas de los negocios sucios que cada gobernador miembro de un grupo diferente al del cartel totonaco realizaba para aumentar su riqueza. Al mismo tiempo el cartel totonaco exigió a sus sicarios más sangre y aumentaron los sacrificios en cada pueblo y aldea controlada por los grupos contrarios. Y con estos elementos, influyeron en los medios de comunicación que dominaban sus adeptos para convencer a la población que la mejor opción era elegir a los políticos de oposición domesticada (el único obstáculo lo representaba el partido de los pobres populistas, pero con ellos utilizaron la misma fórmula de siempre cambiar los números de los resultados al fin la institución del conteo de votos hacia lo que el cartel totonaco pedía).
El día que se publican los resultados los más asombrados fueron los representantes en el gobierno central de jeroglíficos y pacíficos que no habían visto a tiempo esta jugada en que los de la totonaca los desplazaban de los gobiernos locales y con ello se debilitaba su control territorial y de las fuerzas policiacas locales que permitían que su principal negocio, los alucinógenos, funcionara perfectamente.
Así que, la comunidad del infierno parece que vive sus últimos momentos, porque el representante del último jeroglífico como una jugada suicida manda a sus policías a asesinar a pobladores que apoyaban a los temachtiani en su lucha por la educación pública con esto logra que se subleve el magisterio nacional y así cree evitar el debilitamiento del cartel del último jeroglífico y detener su desplazamiento del gobierno central.
Pero el pueblo mexicano está perdiendo el miedo y el tiempo corre contra la comunidad del infierno, el movimiento magisterial es hoy propulsor de la lucha del pueblo de Aztlán por sacudirse a lo peor de sus habitantes que hoy los gobiernan.

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