Es cierto, el Tuzobús desde que empezó ha tenido muchos problemas con su operación. Vaya si lo saben los usuarios. Y también es evidente que algunos errores han sido corregidos, como el hecho de que ahora haya más unidades circulando, con lo que los retrasos han disminuido. Pero el papel del periodista no es encontrar los aciertos de los gobiernos, pues tal es su obligación: por eso son contratados por la ciudadanía, para ejercer la administración pública y dar resultados. No porque hagan bien su trabajo debemos rendirles pleitesía, esa es una visión distorsionada del servicio público que viene de una visión patrimonialista. Y eso es lo que refleja el secretario José Luis Guevara, quien encendió en cólera frente a los micrófonos, al pedirle su postura respecto a una denuncia pública hecha a través de las páginas de este diario por parte de trabajadores de ese transporte, quienes expresaron pésimas condiciones de trabajo que incluyen jornadas extras sin retribución y falta de condiciones elementales como la oportunidad de detenerse un momento para hacer sus necesidades fisiológicas. De ese nivel fueron sus quejas. Y cuál fue la respuesta de Guevara: que al menos él no tiene registrada querella alguna sobre su escritorio. Además, el funcionario se quejó de que la denuncia fue anónima. Como si no supiera que los trabajadores tienen miedo de expresar su descontento por temor a represalias. De filón. Después del intento de linchamiento ocurrido el domingo, este diario se dio a la tarea de ver cómo está el municipio de Zimapán respecto a la incidencia delictiva. Y encontró la razón del hartazgo: por ejemplo, en cuatro años hubo un incremento de 111 por ciento en delitos de alto impacto del fuero común, como el homicidio, extorsión, narcomenudeo y robo.

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