Enfrentamos una etapa de transición, de carácter multidimensional, la profundidad y velocidad de los cambios, la hacen particularmente compleja, dada la interrelación de los problemas, no hay respuestas ni únicas, ni rápidas.

Si bien, el neoliberalismo a nivel global está en crisis, los ganadores de esa crisis global pondrán las condiciones de un nuevo modelo económico que está por definirse.

Ese proceso impacta la transición que está viviendo México, en lo económico habrá que revertir el bajo crecimiento del PIB per cápita, que no alcanza ni el uno por ciento, en tanto que la riqueza de los 16 mexicanos más ricos, se multiplicó por seis en 22 años, en 1996 sus activos sumaban 25 mil 600 millones de dólares, para el 2018 esa cifra subió a 141 mil millones de dólares.

Si bien es cierto que se han creado 3.7 millones de empleos, también es cierto que desde 2015 la tasa de crecimiento de las personas que ganan más de cinco salarios mínimos es negativa, la población con rangos salariales más altos suman 2 millones, contra 15 millones trabajadores, que cuando mucho tienen ingreso de dos salarios mínimos; por su parte, la informalidad llega al 47 por ciento de la población económicamente activa y el subempleo es del 8 por ciento, todo eso deriva en la precarización de los trabajadores.

Tan mal está la política salarial de Peña Nieto que hasta la central obrera de los EU la AFL-CIO ha sugerido que se considere como una violación al TLCAN a cualquier exportación de México a los EU, de un producto que tenga mano de obra de un trabajador mexicano, remunerado por debajo de lo que exige un nivel de vida decente. Ese contexto explica la desigualdad.

Mediante refinanciamientos, el régimen de Peña Nieto pretende bajar la deuda del 50 por ciento, al 48 por ciento del PIB, eso significa hipotecar y endeudar más al país, los 10 billones de pesos de deuda es un pesado lastre para la economía mexicana.

De todos es sabido que ningún país puede lograr mejores niveles de bienestar sin tener un desarrollo científico y tecnológico como soporte de la productividad, pero nuestro retraso tecnológico es estructural, el déficit de la balanza tecnológica muestra una tendencia creciente al pasar de menos 134 millones de dólares en 2015, a menos 175 millones de dólares en 2016, estimándose que en 2017 llegó a menos 200 millones de dólares.

Gastamos en el extranjero en tecnología el equivalente al 5 por ciento del PIB, y solo se destina a la I+D el 0.5 por ciento, lo cual explica que el 90 por ciento de las patentes en México sean para extranjeros.

En 2012 se importaba el 48 por ciento de la gasolina, y el precio era de 10.8 pesos en promedio, ahora se importa el 78 por ciento y está a un precio promedio de 20 pesos en promedio. La transición en la dimensión económica no será ni fácil ni rápida.

La corrupción y la impunidad son el caldo de cultivo de la violencia que tiende a incrementarse, de 27 mil 600 homicidios dolosos en 2012, se llegó a 31 mil 174 en 2017, agréguele usted los robos a casa-habitación, en el transporte, los feminicidios, las desapariciones, los secuestros, el tráfico de órganos y la trata de personas, son un flagelo que ha terminado con la paz social, según el Índice Global de Paz 2018, México ocupa la posición 140 de 163 países, estamos al mismo nivel de Etiopía y Palestina.

El proceso de transición para el siguiente gobierno es una lucha sorda y aguda donde la tarea legislativa es crítica, ¿los nuevos legisladores tanto a nivel federal como en las entidades federativas, están elaborando sus estrategias o seguirán en el glamour del triunfo?

Para la oposición y los detractores, en lugar de apoyar al país, califican de ocurrencias las decisiones de los que tomarán el rumbo del país, o dicen que los funcionarios que entrarán en funciones el primero de diciembre y los legisladores en septiembre ni tienen experiencia o están muy viejos, si los que van de salida y dicen tener experiencia, ¿porque están dejando al país en condiciones tan críticas?, ¿por incapaces o por corruptos?

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