Daniel Zorrilla Velázquez

En noviembre del año próximo, se celebrarán las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y aunque este tema es de gran relevancia para México, esta ocasión puede resultar de mayor impacto para nuestro país.

El gobierno de Donald Trump ha tomado medidas severas en contra de México, que han afectado considerablemente la economía nacional y que lastiman los derechos de los mexicanos en el contexto internacional. Estas medidas persiguen fines electoreros cuyos dividendos políticos animan a los votantes del principal ocupante de la Casa Blanca.

Es preciso que el gobierno mexicano adopte una estrategia de cara a la posible reelección de Trump, o por el contrario, que prepare un plan encaminado a cooperar con un nuevo presidente, en caso de una victoria del partido demócrata. Se espera una de las elecciones más cerradas de los últimos tiempos con giros inesperados durante cualquier momento del proceso.

El presidente Trump, en busca de la reelección, ha estado en campaña durante la mayor parte de su encargo y se ha valido de sus habilidades mediáticas para inclinar la balanza a su favor. Uno de los principales golpes mediáticos orquestados por Trump, fue la imposición de millonarios aranceles sobre las importaciones de China, con el pretexto de que la mano de obra barata en aquel país lastima la competencia leal con los productores y obreros de los Estados Unidos.

Trump ha logrado que el Congreso apruebe el presupuesto para la construcción de un muro sobre la frontera con México y “convenció” al presidente López Obrador, para desplegar a la Guardia Nacional en la frontera sur y detener la migración ilegal al país del norte. El pretexto es hacer parecer a los migrantes como promotores de adicciones, cuando en realidad, es un problema ocasionado por el uso indiscriminado de fármacos legales en Estado Unidos. Estas medidas tienen un fondo político y no necesariamente económico o de seguridad nacional.

Donald Trump ha logrado la confianza del electorado para apoyarlo en su reelección. El grueso del electorado de Trump, está representado por personas de raza blanca, la mayoría de religión protestante y generalmente con un bajo nivel de educación, que se localizan especialmente en estados que tradicionalmente han sido bastiones republicanos como Texas, Mississippi, Alabama y Luisiana.

Trump tiene una sólida base de votantes en los estados de mayoría republicana, aunque han ocurrido sucesos importantes que han golpeado su popularidad y que incluso han puesto en riesgo su estadía en la presidencia. Como ejemplo, la acusación por parte del partido demócrata sobre la posible colusión del gobierno ruso en las elecciones de 2016 para beneficiar a Donald Trump, o más recientemente, la investigación sobre una posible negociación ilegal con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky para afectar al principal contendiente de Trump, el demócrata Joe Biden.

Estos factores plantean una difícil reelección, ya que una gran parte de la población que lo benefició con su voto, está actualmente desencantada con su gestión. Esta es la oportunidad para que el partido demócrata vuelva al poder.

Los posibles candidatos del partido demócrata, en la fase de elecciones primarias, son: Joe Biden, vicepresidente durante la gestión de Obama; Bernie Sanders, senador por el estado de Vermont; y Elizabeth Warren, senadora por el estado de Massachusetts, en este orden. Estos representantes del partido demócrata, gozan de una gran popularidad por parte del electorado estadunidense, sin embargo, sus propuestas, que algunos han denominado como “populistas” o incluso izquierdistas –según el mismo Obama–, juegan en su contra en una sociedad que no está preparada para dar un giro tan radical en su política interna. En consecuencia, este tipo de propuestas no tradicionales para el electorado norteamericano, pueden ser contraproducentes y tener un efecto de división del voto.

Las preferencias de los electores en la mayoría de los estados están totalmente divididas y no se vislumbra una tendencia clara de los probables resultados de las elecciones. Es importante que el gobierno mexicano siga de cerca el proceso electoral en Estados Unidos y que esté preparado para hacer frente a un resultado no favorable para nuestro país. Una reelección de Donald Trump continuaría con la retórica antimexicana y seguirían imperando las condiciones de imposición de aranceles a las exportaciones o como posible chantaje para ratificar el T-MEC. Por otro lado, la victoria de Joe Biden, el más republicano de los demócratas, no asegura una mejor relación con México.

Vivimos tiempos complejos y merecen la atención de la clase política y de la diplomacia mexicana.

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