El pasado domingo fue una fiesta para todos, las personas más jóvenes celebraron su mayoría de edad con credencial en mano ejerciendo su voto, otros con más años por primera vez se animaron a votar, familias completas con sus representantes de todas las generaciones derrochaban buen ánimo para ejercer su derecho al voto. La fila de espera se convirtió en un lugar de encuentro entre conocidos y vecinos que aprovecharon para conversar sin que nadie pronunciara su preferencia electoral, el tema fue sustituido por el estado del tiempo, la condición de salud, las mascotas, los años reflejados en el crecimiento de los hijos, etcétera.
Esa imagen se repitió en varias de las casillas que visité, nunca encontré una desierta de votantes, incluso para el medio día varios funcionarios y funcionarias de casilla tenían los labios secos, supongo que la intensa actividad les había impedido consumir agua porque los y las votantes jamás dejaron de llegar; quienes asumieron su responsabilidad de votar usaron todo lo que tuvieron a su alcance para defender su preferencia electoral pues los plumones, los lapiceros, los crayones entre otros, fueron los instrumentos para asegurar que el voto no fuera alterado o ignorado. La desconfianza no era infundada porque los mexicanos tenemos amplia conocimiento sobre resultados electorales donde nuestro voto fue minimizado por votos condicionados o comprados por los grupos de poder instalados en los partidos políticos.
La actitud festiva y vigilante se prolongó hasta que se emitieron los primeros resultados de las encuestas de salida, ahí se confirmó con el mensaje emitido por el consejero presidente del INE, por primera vez en muchos años nuestro país será gobernado por alguien que no es verde o azul; los resultados fueron tema de conversación del lunes, en más de una ocasión escuché la frase “por primera vez sentí que mi voto sí valió”.
Esa expresión resume la relación que los mexicanos y mexicanas tenemos con la clase gobernante, pues un sistema que se asume democrático se piensa que la información fluye recíprocamente entre representantes públicos y ciudadanos, pero la realidad nos demostró que el flujo de comunicación se convirtió en un monólogo donde los gobernantes y representantes se autocomplacían en sus propias alabanzas, desde su mirada y sus oídos solo ingresó el mundo donde ellos eran el centro del Universo. Si vemos los resultados de la votación como la evaluación de su ejercicio gubernamental, entonces, en nuestro estado y en varias partes del país el partido gobernante está reprobado.
La votación del pasado domingo y los resultados emitidos nos invitan a dejar a un lado la autocomplacencia para ponernos a trabajar, quienes siempre hemos cumplido con nuestra responsabilidad estamos obligados a duplicar esfuerzos, quienes por primera ocasión experimentaran el trabajo duro, constante y honesto se darán cuenta que su existencia y permanencia se justificará por sí misma y no en razón de la voluntad de los otros, estamos en tiempo de conducirnos con nosotros mismos, con nuestra familia y con nuestro entorno “hasta que la dignidad se haga costumbre” (palabras de Estela Hernández, hija de Jacinta Francisco Marcial, indígena otomí acusada del secuestro en contra de agentes federales).

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