Karina Camargo Rangel

Las enfermedades han existido con nosotros desde que habitamos la Tierra, y algunas de ellas han llegado a ocasionar un gran impacto en la historia del hombre. Pues, a través del tiempo se han registrado drásticas bajas poblacionales causadas por enfermedades que se esparcen en diversas partes del planeta. Ciertamente desde el siglo XVI al XXI se han suscitado distintos brotes, provocando epidemias, pandemias y endemias en México.

Durante la época colonial surgieron epidemias de viruela, sarampión y rubéola. Se estima la perdida de alrededor del 90 por ciento de la población que habitaba Nueva España en ese entonces. Años después, cuando aún la población se recuperaba por esa ola de epidemias, se presentó en 1813 una de tifo o también llamada la fiebre amarilla. Esa enfermedad causó la muerte de casi el 50 por ciento de la población.

Después, en 1833 se presentó la primera pandemia en México. En esta pandemia mundial de cólera se calculó la muerte de más de 19 mil personas en el país. Es una las enfermedades que hasta hoy en día se presenta en zonas donde no hay sistemas de agua potable y la gente de estos lugares se encuentra en la necesidad de tomar agua de pozos, ríos u otro tipo de fuentes que están contaminados.

En 1918 llegó una pandemia de influenza, en la cual se estimó que hubo un mayor número de muertos que en la Revolución Mexicana. Posteriormente, en 2009 ocurrió una pandemia de influenza o gripe A (H1N1), esta vez para quedarse, volviéndose una enfermedad endémica, es decir que en ciertas épocas del año este virus afecta a la población de México.

Esos hechos históricos que, no solo han provocado la pérdida de miles de vidas, también han generado en la población sobreviviente la necesidad de adaptarse a los nuevos cambios sociales, políticos, económicos y culturales, pues cada una de esas situaciones de alto riesgo nos muestra las debilidades del hombre en la confrontación de brotes epidémicos.

Como en la actual situación causada por la enfermedad del Covid-19, donde debemos cuestionarnos el cómo afecta nuestro estilo de vida en la letalidad del virus. Por ejemplo, hoy en día procuramos algunos hábitos de limpieza como el aseo de cara, manos, y el cuerpo para alejar virus, bacterias y microbios del organismo. A pesar de conocer los beneficios de los hábitos de higiene, gran parte de la población no los practica.

De igual forma, la alimentación que domina en el mundo es inadecuada para desarrollar un sistema inmunológico capaz de contraatacar las nuevas enfermedades. Por ende, se tiene una población con problemas de salud derivados de una mala alimentación y la falta de hábitos de higiene. Esto nos convierte en una población vulnerable ante estas situaciones con la necesidad de cambiar la forma en la que vivimos, y considerando como parte de nuestro aprendizaje las enseñanzas del pasado que podemos observar en otros momentos de la historia.

[email protected]

Comentarios