Maurice Druon sigue siendo una de las referencias indispensables para mirar el devenir histórico que, a diferencia de cómo se plantea en el escenario de las ciencias sociales o la enseñanza de la conciencia histórica, tiene la enorme e intransferible virtud de convertir la historia en un escenario fabuloso digno de los mejores momentos concebibles por la especie humana.

Precisamente, Druon salta a la fama con la escritura de la trilogía Las grandes familias, cuyo argumento gira en torno a la concepción de una dinastía moderna surgida de dos familias, una de origen francés y la otra procedente de Alemania.

En primer lugar, Druon hace de la configuración de una familia una suerte de centro de gravedad que así como genera a un grupo de personas emanadas de un punto común, de la misma forma, gracias a los intereses políticos, sociales, económicos y de prestigio, transforma a los miembros de las mismas familias en sujetos al servicio de una causa que no eligieron por voluntad propia.

Los grupos familiares en cuestión, se convierten en un plazo de tiempo muy breve a una suerte de supervivencia contra las sociedades donde se gestaron y a las que respondieron convirtiéndose en una estirpe singular, así como testamento de su época.

Aunque Las grandes familias es en sí misma una razón de ser mitificada en las culturas latinas, de una forma tal que parecería el origen mismo de la anulación de los sujetos a cambio del bienestar de una colectividad, no siempre la mitad de generosa de lo que pretende ser, el gran acierto de Druon radicó en convertir a la familia tanto en el núcleo de los procesos históricos como la causa de que tal fenómeno exista y la posibilidad de su registro.

El punto de inicio para el relato comienza a mediados del siglo XIX; para cuando se cierra, los últimos miembros de las casas que protagonizan la narración, ya en plena decadencia, llegan a las entreguerras de la primera mitad del siglo XX, resguardados por los bienes heredados de sus antecesores, así como la relativa sabiduría que lograron amasar, pero no tienen forma de darle uso, justo antes del brote del conflicto que protagonizará Hitler.

Es fascinante la forma en que, dicho con la más amplia falta de recursos, después de obras como la de Balzac, Victor Hugo; Maurice Druon fue una de las plumas mejor dotadas de su tiempo, al punto que logró un efecto como el de los autores clásicos, pero en lugar de transportarse a la fantasía con recursos exóticos, así como situaciones muy fuera de lugar o poco susceptibles de suceder, Druon partió desde siempre de personalidades de su época, escondiendo a los verdaderos protagonistas en pistas falsas y nombres ficticios.

Druon es la personalidad indiscutible detrás del éxito de “Juego de tronos”, ya que el mismo George R R Martin admitió haber tomado de libros de cabecera Los reyes malditos, serie de siete tomos también de Druon, donde narra la legendaria “Guerra de las rosas” entre las casas Lancaster (Lannister) y York (Stark), a su vez contada por Shakespeare con Eduardo, Enriques y Ricardos.

Pero el sentido histórico y su noción del drama, son una curiosidad única en el universo mental de Druon, por el que sería conocido hasta el final de sus días. Quién sabe si porque perteneció a la resistencia durante la segunda Guerra Mundial, pero entre otras de las virtudes del escritor, también figura la letra para “Le chant des partisans” canción de Anna Marly.

Todavía hoy se ha planteado la posibilidad de que “Le chant des partisans” figure entre las marchas militares que distingan a Francia para definir su identidad nacional con esa melodía. No obstante, por una u otra razón, la decisión final quedó en “La marsellesa”, dada su trayectoria, pero debido al relieve de lo que representó la resistencia para el triunfo de la segunda Guerra Mundial, sigue en pie con la calidad de una de las melodía que decidieron el espíritu de los combatientes.

https://www.youtube.com/watch?v=9JQ16NLpeoI.

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