EL TLACUILO

Dentro de la historia de México encontramos una amplia y rica cultura que sintetiza lo que nos identifica como habitantes de esta nación; la historia no solo abarca acontecimientos o batallas importantes que forjaron al país, también estudia distintos tipos de mentalidades, economía, sociedad, cambios geográficos, etcétera.
Es innegable que gracias a la ciencia histórica se puede desentrañar el paso del humano en el tiempo y, sin duda, una parte fundamental de este andar del ser es el legado que deja por medio de los vestigios que en algún momento determinaron su condición e incluso ayudaron a mejorarla.
Una parte de la historia material mexicana es lo que se conoce como hacienda, esos grandes colosos de piedra que permearon en gran medida el espacio geográfico de prácticamente toda la nación, marcando una época que hoy en día pareciera lejana e incluso extinta; sin embargo es sorprendente que aun después de tantas centurias, muchas haciendas siguen erguidas, majestuosas, fuertes, resistentes al paso de los años, que pareciera trataran de acabar con ellas y sin embargo éstas se resisten majestuosas y elegantes el paso de los años, incluso siglos, no pueden hacer menoscabo en esos colosos.
Es importante destacar que la palabra hacienda, tan usual a principios de la colonia, significaba haber o riqueza personal en general y con el tiempo pasó a designar una propiedad territorial de importancia. Así, de ser la unidad económica por excelencia en la Nueva España, se convirtió en una unidad autosuficiente; atrajo a los pueblos indios y otra población dispersa que se fue asentando también en las haciendas; mantuvo servicios religiosos y aprovisionamiento seguro.
Su funcionamiento estuvo a cargo de los mayordomos o arrendatarios, quienes tenían contacto con los indígenas y no con los hacendados que fungieron como empresarios, financieros aislados de la sociedad indígena por su riqueza, gusto, costumbres, preferencia y cultura.
En la base, en cambio, los trabajadores de la hacienda mantenían un estatus cambiante de acuerdo con la actividad productiva predominante. Por ello hubo trabajadores fijos y permanentes, y otros movibles o temporales, para quienes la hacienda fue una alternativa menos coactiva en relación con lo que había sido o era la esclavitud, la encomienda, el repartimiento o los obrajes. De hecho, la hacienda, según Gibson, no tuvo necesidad de poner en práctica mecanismos de presión, pues su propia expansión y desarrollo ofreció soluciones a la incorporación de trabajadores que eran difíciles de encontrar en otras partes, ya que a fin de cuentas la hacienda significaba una vivienda y modo de vida. En condiciones que permitían solo pequeños márgenes entre el ingreso y el sustento, la hacienda era una institución de crédito que permitía a los indígenas retrasarse libremente en sus obligaciones financieras sin perder su empleo ni incurrir en castigos.
Estas ventajas, por otra parte, parecen explicar el desarrollo extensivo del peonaje, la multiplicación de rancherías e incluso de pueblos en los límites de la hacienda y, además, la casi total ausencia de levantamientos indígenas en contra de aquella. A su vez, las haciendas fueron una fuente adicional de ingresos para la gente de los pueblos cercanos, dado que proporcionaban empleo temporal a trabajadores necesitados de dinero y, para muchos indígenas que habían perdido sus tierras, fue una opción frente al hambre, el vagabundeo o el abandono de sus familias.
El tema es contundente, rico en una parte esencial de la historia nacional no solo para el historiador, sino también para todos aquellos que viven y sienten la necesidad de aprender parte de lo que nos define y nos da identidad cultural; para ello es menester indicar que con el característico compromiso que tiene la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) con la sociedad, se abre la convocatoria para realizar un diplomado titulado La vida rural en el Altiplano. Historia de las haciendas hidalguenses, donde aparte de aprender a través de colegas expertos en el tema, también tiene una peculiaridad que consiste en visitar las haciendas, haciendo un estudio de campo bastante enriquecedor y placentero.
La cita para inscribirse es en la dirección de educación continua de la UAEH, la cual proporcionará todas las facilidades para poder hacer de este diplomado una experiencia única, deseable y provechosa.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.