El 2 de enero de 2012 nuestro muy apreciado profesor Adolfo Gilly retomó en el periódico La Jornada un discurso del fallecido filósofo marxista Adolfo Sánchez Vázquez (1915-2011) sobre la definición de la izquierda, que sin lugar a dudas puede considerarse como una de las más acertadas definiciones sobre este concepto y que se torna vigente para comprender el giro político que México dio con la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente de la República.

Para Adolfo Sánchez Vázquez no hay una sola definición de izquierda, por lo que prefiere hablar de “las izquierdas”, así en plural. Para este filósofo marxista existen cuatro izquierdas: 1) democrática, liberal, burguesa y connatural al sistema capitalista; 2) socialdemócrata, que quiere mejorar las condiciones sociales dentro de los marcos de ese mismo sistema; 3) social, que es crítica del capitalismo, pero no le ve una alternativa, representada sobre todo por los movimientos sociales; y 4) socialista, opuesta al capitalismo, que propone una nueva organización de la sociedad (Gilly, 2012).

Bajo esta lupa analítica podemos caracterizar las distintas expresiones de izquierda con las que cuenta México y, con ello, comprender los límites que cada propuesta tiene y la necesidad de avanzar en el horizonte para abonar en la construcción de una verdadera izquierda socialista. Entonces, este filtro ideológico de Adolfo Sánchez Vázquez nos permite marcar distancia de los “purismos ideológicos”, que buscan descarrilar cualquier proyecto político alternativo (como el de AMLO, por ejemplo) con sus reiterados dardos ideológicos que lo asocian al mismo sistema de dominio capitalista y que miden la radicalidad de la protesta por la pureza antisistémica que representan.

Varios intelectuales y comunicadores califican el proyecto político morenista sin antes comprender las gradaciones en las definiciones de izquierda y esto ocasiona que se satanicen o idealicen las propuestas. Frente a ello, son aconsejables los matices interpretativos, con el fin de evitar situarse en el extremo de la torpe descalificación o de las alabanciosas posturas mesiánicas de los políticos “de izquierda” contemporáneos.

La izquierda liberal-socialdemócrata que AMLO representa

Bajo la definición de izquierda propuesta por Adolfo Sánchez Vázquez, la alternancia política morenista de 2018 se encontraría en la primera y segunda definición, caracterizada por ser liberal, pero sin poner en riesgo el sistema capitalista de organización social. Si hacemos un análisis, quizá apresurado, del discurso amloista que se atrinchera contra la “mafia del poder” y que tiene en su centro de interés el combate de la pobreza (“primero los pobres”) no representa un peligro para el statu quo clasista establecido, porque de fondo no está la destrucción del modo de producción capitalista, sino más bien la democratización de la distribución de la riqueza pública a través de la austeridad republicana y la depuración de las instituciones mediante la aplicación de medidas anticorrupción.

Para muchos, estas acciones no son revolucionarias ni de izquierda y solo representan un cambio de maquillaje del “sistema clasista capitalista a la mexicana”, que en el discurso se indica una cosa, pero que en la práctica, la lucha democratizadora de AMLO parece ser encabezada por los viejos encomenderos del régimen anterior. Al respecto, la crítica de los zapatistas encabezados por el subcomandante Marcos, reiteradamente lo han colocado en esa definición.

Esta entrega editorial para nada significa contrariar la alternancia política, más bien busca la reflexión de los representantes populares en los que confió la mayoría de la población, para que se den cuenta que decirse de izquierda no basta para lograr una verdadera transformación social, sino que son necesarios más hechos que palabras.

Ser de izquierda rebasa el discurso fácil y representa estar en contra de medidas autoritarias que no benefician a las mayorías, por lo que ser de izquierda debe estar asentado en una profunda convicción ética y moral de los que representan este proyecto; pero para ello debe erradicarse esa política que pega con la izquierda, pero que tristemente cobra con la derecha.

El dogmatismo nunca es un buen consejero, por lo que es tiempo de la crítica constante sobre los males sociales que padece nuestra sociedad para así cimentar un proyecto de nación en el largo plazo, que tenga por objeto el fin de las injusticias y una verdadera transformación de la vida pública, esa es la utopía y quizá apenas hemos dado un primer paso.

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