La lección continúa. La sociedad le enseña a la clase política cómo actuar y en qué tiempo. Le dicta agenda. A través de redes sociales, esa entelequia llamada pueblo le exigió recortar sus gastos a los partidos durante la próxima campaña para destinarlos a la reconstrucción de daños producto de los sismos que nos han azotado este septiembre. La presión hizo que al menos el PRI, en voz de su dirigente nacional Enrique Ochoa Reza, reaccionara y dijera que contactó al INE y a la SHCP para ver la manera de donar recursos de las campañas del próximo año sin violar la ley. Los demás, al menos hasta el momento, ni pío. Silencio. La emergencia después del sismo del 19 de septiembre de 2017 agarró pasmados a los partidos, pero no a la sociedad. Este diario viajó a la Ciudad de México para ser testigo de la movilización social. Las manos no faltan: auténticos ejércitos ciudadanos inundan las calles para reconstruir, para salvar, para ver en qué se puede ayudar. En los estados no afectados por el desastre, como Hidalgo, la juventud aprovecha sus herramientas: las redes sociales, para convocar, para ayudar, para concentrar víveres y trasladarlos a donde los necesitan. Es una reacción espontánea que nos habla del potencial que tiene nuestro país para salir, pese a su clase política, más preocupada por medrar que por servir. En emergencias como esta, uno entiende por qué, pese a todos los males, la nuestra es una nación que nunca se detiene. De filón. Cuando pase la crisis, se asomará la tempestad que viene. El presupuesto 2018, ya de por sí disminuido por el entorno internacional adverso, vendrá aún más flaco por los desastres de este septiembre. Hidalgo, según la tesorera estatal Jessica Blancas, ya se prepara para la tempestad.

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