En un momento en el que la Secretaría de Cultura, a través de su titular y marquesa de Tlaxcala Alejandra Frausto, y a medio año de trabajo, ha demostrado la incapacidad que tiene para atender los asuntos culturales del país, con programas mal diseñados, mal aplicados, impositivos y mayoritariamente mediocres. Ahora aparecen de las Misiones por la Diversidad Cultural, como otro remedio mal aprendido, de aquellas misiones culturales vasconcelistas de 1920 y que entonces eran parte de un programa nacional de educación. Tiempos en los que el gobierno contaba con la participación y toma de decisiones por parte de los artistas de la época y para muestra está nada menos que el nacimiento del Movimiento Muralista, tiempos en los que el Estado reconocía el papel fundamental del arte y la cultura, también como motores de desarrollo.

Pero eso era entonces, si bien aquellas misiones culturales cumplieron una función muy importante dentro del proceso educativo y de integración nacional, el papel “evangelizador” del Estado minó el desarrollo cultural de muchos pueblos originarios comenzando por la alfabetización en castellano y no en las lenguas maternas, por ejemplo. El mismo papel a inicios del muralismo con la exaltación de los originarios en la obra de Diego Rivera, marcaron un imaginario colectivo indigenista en el que el indígena aparece siempre sumiso y vendiendo flores y nunca luchando o levantado en armas. El nacimiento del indígena como el “mexican curious” para el turismo que va a pervivir hasta el día de hoy y de manera oficial: el indígena reconocido es el indígena muerto, el del pasado prehispánico y el de la Conquista. El de hoy, el que lucha por sus derechos; el que construye autonomías y formas de gobierno muy superiores a las que vivimos; el que sabe cómo consultar en procesos democráticos y participativos en beneficio colectivo; el que defiende la tierra; el que es sujeto de derecho y no una garambaina folclórica para las simulaciones de “inclusión” de la cuarta transformación; el guardián de los territorios y el que sigue resistiendo el colonialismo, ese indígena es el que “estorba” al Estado porque no permite que “avancemos”, es enemigo del “desarrollo” y de la “modernización” del país.

Esas “misiones”, sin perder su origen evangelizador y colonialista en el concepto, pretenden “consultar” sin consultar, valga la redundancia, a los pueblos originarios que tienen sus propias formas para elaborar “diagnósticos” en los municipios y promover el ejercicio de los derechos culturales. ¿Cómo se promueve un derecho cultural violando el derecho en sí mismo? El paternalismo y las imposiciones hacia los pueblos no tiene límites para los descubridores del hilo negro, la condescendencia para las comunidades marginadas y los “pobrecitos” indígenas “rezagados” y maltratados por siglos, no tienen nombre.
Esos misioneros que también harán de “comisarios” elaborarán “diagnósticos en colaboración con artistas, promotores y comunidades para definir qué proyectos artísticos y culturales deben mantenerse de manera permanente en el panorama nacional”, según Esther Hernández, titular del programa.

El colonialismo interno, término que acuñó Don Pablo González Casanova, está en marcha ahora también con los sellos de la 4T y como un placebo para las comunidades y pueblos. Desde una política de Estado que no le interesa entender que el arte y la cultura de los pueblos está vinculada a los territorios, el gobierno mexicano nos sigue queriendo imponer políticas culturales que son de libro de primaria y muy acordes a las manipuladas lecciones de historia de monografía que nos receta el Ejecutivo en las somníferas conferencias “mañaneras”. Esos misioneros que también harán de “comisarios” elaborarán “diagnósticos en colaboración con artistas, promotores y comunidades para definir qué proyectos artísticos y culturales deben mantenerse de manera permanente en el panorama nacional”, según Esther Hernández, titular del programa.

Pero la pregunta, a pesar de los cientos de señalamientos, sigue siendo por qué se le sigue imponiendo a los pueblos originarios y a la comunidad cultural, métodos de consulta violatorios a la Constitución y al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Por qué, pese a nueve meses de críticas, movilizaciones y señalamientos que desde la comunidad artística y cultural y pueblos originarios se han hecho, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador sigue empecinado en sostener una política cultural errada y a sostener en sus puestos de mando a gente que no cumple ni con el perfil ni la capacidad ni el compromiso que la cultura necesita en este país.

Comentarios