Luis Frías*

*Cursa la maestría
en letras modernas
en la Universidad Iberoamericana
de la Ciudad de
México

Paradoja dos

En el ensayo El poema como devenir, Roberto Cruz Arzabal clasifica los tipos de poemas, tomando en cuenta forma y contenido; dice que “hay poemas que muestran una vocación por lo sustantivo: el individuo alejado de la historia y su devenir, la conciencia localizada en su propia existencia como acontecimiento irrepetible”. Dice más, pero me quedo con esa definición, porque representa bien a Cuaderno para estudiar el viaje. Que sea un poema centrado en el individuo y su circunstancia lo aleja de la discusión histórica actual. Por esa razón, creo que el libro no saldría bien librado de la prueba del ácido; pues ideológica y políticamente sus poemas se ubican más cómodamente en una etapa anterior.

Frente a esa consideración, el segundo libro de Ramsés, La ciencia del alejamiento, me hace pensar en otros poemas a los que también se refiere Cruz Arzabal: poemas, señala, “en los que la forma sea una concentración de la historia, no tanto su clímax sino su constatación”. En efecto, ese poemario de corte amoroso constata la afirmación de que la libertad debida al alejamiento, es, aunque difícil y dolorosa, necesaria y liberadora, en contraste con la falsa cercanía que termina siendo una cámara asfixiante para quienes se encuentran en ella. Con todo y que en ese poemario lo que predomina es la relación amorosa, sí hay un planteamiento y una postura más definida del poeta: la libertad de los sujetos, tanto del hombre como de la mujer, se propone como el gran baluarte.
El libro se divide en tres partes esenciales: la ciencia del alejamiento, teoría de la proximidad e hipótesis de lo que fue. La primera es la apuesta por ese amor libre del que hablé, y que es una posición política, porque se inclina por relaciones personales donde las lógicas de poder se hagan a un lado, y el sujeto se aleje de esas ataduras, aunque no del todo: “El destino / es una revelación / que se espera / en el alejamiento”, son versos que condensan esa apuesta. La segunda parte es una especie de nostalgia por las relaciones en las que el sujeto pudo haber estado sumido, con placer y con dolor al mismo tiempo. Y finalmente, la tercera es una especie de recuerdo de los errores, de las equivocaciones, en las que se sumerge el sujeto cuando entra al amor dictado por relaciones de poder asfixiantes.

A la vez, aunque continúan motivos y simbolismos del anterior poemario, lo cierto es que se someten e integran muy bien al discurso general. Así, por ejemplo, la mujer-musa merece estas imágenes: “La Luna / es aura / y penumbra / a la vez / y tú /eres gélida / y solar”. El discurso del hombre refiriéndose a la mujer aquí empieza a ser consciente de la otredad frente a él. Otra presencia muy constante es el erotismo a là Rebolledo: “Un tálamo de ti misma / un río ensortijado tus senos / una cascada horizontal / suspendida entre tus ingles / que detenga tus lloviznas / y te libere de la noria / que extrae peces de tu vientre”. Permanece la relación amorosa marcada por la jerarquía heterosexual pero ya no se habla de poseer, ni de “la-mujer” mito. Se plantea una individualidad de la mujer que no aparecía en el texto anterior donde solo es objeto de deseo; sin embargo, aún podemos leer que las mujeres son objeto de contemplación por la mirada masculina. ¿A qué se debe ese cambio de perspectiva? No se puede asegurar que haya consciencia de género por parte de Ramsés, pero tal vez influyó el contexto actual, en cuyas nuevas generaciones crece la consciencia por al menos limitar la terrible heteronormatividad.

El poemario (a punto estuve de decir poema, porque da la sensación de ser un poema largo) es un devenir de versos breves, claros y contundentes, al revés de los retablos barrocos del libro anterior. Eso habla del giro que debió dar el poeta, y que le permitió llegar a un camino tan diferente al de aquel comienzo. Destacan varios versos por su precisión, tanto en lo amoroso como en lo político: “Y yo / frente / a ti / y tú / ante / todo”. Por su parte, en una lógica del desapego: “Hemos llegado juntos / a interminables respuestas / sobre el principio y la bifurcación”. O estos otros, extraídos de la última parte, donde están los poemas-lamentos de los amores errados: “Somos / como dos islas / distanciadas / por una línea de fuego / bajo el agua”. En todos los casos, hay más contundencia pero también más contención que en el primer libro; en todos se respira como una especie de aceptación genuina por lo que la vida ofrece en materia de relaciones de amor.

La paradoja de este libro, por último, no está en el contenido, mucho mejor que el primero. La paradoja está en las circunstancias en que fue publicado. Ramsés murió en 2016 y el libro apareció apenas este año. Paradójico que su mejor libro hasta el momento él no lo pudiera ver publicado. Pero más paradójico aún es que la versión que se nos ofrece tampoco es íntegramente la que, en rigor, heredara Ramsés. En el texto introductorio, Diego José aclara que es resultado de las versiones contrastadas entre dos manuscritos. De modo que la versión del mejor libro hasta ahora de Ramsés no es la que él nos dejó, sino la que ofrecen sus editores.

Paradoja tres

La última paradoja tiene que ver no solo con el contenido de los libros, sino igual con las circunstancias en que fueron publicados; todo lo cual redunda en que su obra sea difícil de ser leída como debiera. “Abordar una estructura cuyos cimientos solo pueden analizarse de forma fragmentaria dificulta la posibilidad de su comprensión”, escribió Diego José en la introducción de La ciencia del alejamiento: “El lector y el crítico carecen de los elementos esenciales para obtener una panorámica de los trabajos de Ramsés Salanueva”.
Las circunstancias –la tardía aparición de Cuaderno…; que La ciencia… sea obra del editor y no la conociera Ramsés…– son paradojas que no cesan; ahora se agrega el preguntarse qué futuro le espera a su demás producciones. Como dije, hay más obras de Ramsés que varios sabemos que existen. ¿Será la Secretaría de Cultura de Hidalgo la que nuevamente edite esos materiales?, ¿bajo qué criterios editoriales?
Ese ensayo puede ser una brújula que oriente al lector y al crítico del que habla Diego José: el que busque líneas por las cuales recorrer la poesía de Ramsés Salanueva. Ahora bien, de seguir la interpretación que en los párrafos anteriores he ofrecido, según la cual se observa el tránsito de una poesía ensimismada hacia una más atenta al contexto, ¿se podría publicar toda su obra, solo alguna, o incluso, se tendría que frenar la aparición de más obras?

Este texto puede iniciar el diálogo necesario sobre un poeta mito en la literatura hidalguense. Se necesita hablar de la poesía de Ramsés, de la cual aquí he dado una, nomás una, interpretación. El intercambio de opiniones entre sus colegas poetas hidalguenses, mexicanos y extranjeros será de gran utilidad para las decisiones que se tengan que tomar sobre sus inéditos. Aquí, por la manera en que se dieron las cosas con su obra y con su sorpresiva y triste muerte, no he podido más que esbozar algunas paradojas. Espero que quienes disfrutaron de su amistad y conocían su compromiso con la poesía tomen la palabra y animen la discusión sobre la obra de ese poeta que fue todo un mito, pero más que nada un gran amigo.
Agradezco a Karen Condés su valiosa asesoría en materia feminista.

 

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Luis Frías, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, Óscar Baños, Rafael Tiburcio, Tania Magallanes, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Víctor Valera, Sonia Rueda, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.

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