A poco más de un mes de iniciar funciones como presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador ha puesto en práctica disposiciones que si bien, son discutibles, resultaban insospechadas, sobre todo en relación con anteriores sexenios.

Quizá, sin forzar la memoria, sobresaldrían en el pasado la represión estudiantil de 1968, de la que, al final, en mensaje a la nación se responsabilizó a Gustavo Díaz Ordaz.

Otra, no menos importante, la de José López Portillo, al nacionalizar la banca, y décadas atrás, la también nacionalización de la industria petrolera por Lázaro Cárdenas.

Es simple ejercicio de una maltrecha memoria, ciertamente podría haber otras más, pero aisladas y no en serie dentro de poco tiempo.

López Obrador al instituir una consulta popular, no ocultó que se oponía a la construcción de un nuevo aeropuerto en Texcoco, privilegiando otras opciones como Santa Lucía y Toluca.

Se anotaría, igualmente por su trascendencia, la de crear una Guardia Nacional en intento de combatir la inseguridad en todo el país, que todavía permanece por sus consecuencias casi indemne.

Y la tercera, el combate abierto, frontal, al robo de combustibles en ductos que, como arterias inacabables, se encuentran en gran parte de México y que, por lo menos, en los últimos 18 años eran fuente muy redituable de saqueo.

La primera controversia: Texcoco, se adoptó paulatinamente por la opinión pública. A fin de cuentas, no afectaban a inmensos grupos populares, ni a estados, municipios o pequeñas localidades.

En la segunda, el mandatario dio oportuno viraje al ceder el mando de la Guardia a un civil.

En foros hubo voces que se opusieron a lo que llamaron “abierta y peligrosa militarización”, si es que un alto representante de la milicia asumiera esa función.

El combate al llamado huachicoleo sí despertó conciencias y animadversiones, no por el origen de la cruzada, sino por sus consecuencias.

Se había explicado que esas delincuenciales acciones producían un déficit a la federación por casi 60 mil millones de pesos al año.

Pero llegó un momento en que, al darse a conocer cotidianas prácticas, con sus consecuencias de automóviles y camionetas incineradas, de un alto porcentaje de víctimas mortales, entre grupos o en enfrentamientos con las autoridades, se asimilaban como recuento, algo ajeno y que fuera de los inmiscuidos, a la población en general no le preocupaba.

Fue hasta que se cerraron los ductos, gasolinas y diésel se transportaron en autotanques, aunque sobrevino una generalizada preocupación al no haber abasto puntual en los centros de servicio.

Se supo, por ejemplo, que en Tula permanecían estacionadas, en interminables filas, pipas en espera de que se les habilitara para sus largos trayectos.

Y, en consecuencia, las gasolineras no podían surtir, de cumplir con una demanda que creció en paralelo a la escasez.

Eso afectó a un gigantesco universo de usuarios, los particulares y en general a los que se dedican al transporte público, sea en taxis, combi y otra forma de servicio.

Ha habido quienes, en la urgencia de sus actividades y no poder utilizar sus vehículos, esperan horas y horas, con la esperanza de que sea providencial el arribo de un carrotanque.

Algunos dedicados a la “ordeña” de hidrocarburos reincidieron, aprovechando horarios nocturnos.

En ese comercio, de proporciones inusitadas, muy probablemente han intervenido exfuncionarios de Pemex, en distintos escalafones, coludidos con grupos de huachicoleros.

Se informó que por lo menos cinco son investigados.

Hasta ahora, en el oleaje de rumores y posibilidades, nadie ha sido detenido como cabeza operativa, aunque, como antaño, ese principio no importa tanto a los manejadores, que no sea el creer que pronto, muy pronto, se abatirá la escasez.

El presidente López Obrador ha pedido comprensión y apoyo. Su cruzada, sinceramente parece legítima, necesaria, urgente, pero en esa misma circunstancia deberán encontrarse mecanismos para que el abasto sea puntual.

De lograrse así, el tabasqueño habrá conseguido un alto reconocimiento a su actitud de terminar con grupos de corrupción, a costa del sacrificio de miles y miles que demandan justamente una vuelta a la normalidad.

.pruebas difíciles

Comentarios