No dejó de sorprender el comentario de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al citar que su gobierno tiene el respaldo de la mayoría de los mexicanos, los cuales no permitirían un golpe de Estado como el que derrocó a Francisco I Madero.

En un corto video, cuando estaba de descanso en su finca de Palenque, Chiapas, textualmente señaló: “Creo que vamos bien, ese es mi balance, no hay nada qué temer porque estamos cumpliéndole al pueblo y el pueblo nos está apoyando, nos está respaldando”.

No dijo el presidente por qué aludir a una embestida armada en su contra, salvo que: “Los conservadores y sus halcones están equivocados”.

Igualmente, citó que durante su mandato no hay la menor oportunidad para los dictadores, “pues no es tierra fértil para el genocidio ni para los canallas”.

Agregó: “Aquí (en el país) no hay la más mínima oportunidad para los Huertas (Victoriano), los Franco (Francisco), los Hitler (Adolfo) o los Pinochet (Augusto)”.

Hasta antes de estas expresiones, nadie, que se sepa, había siquiera insinuado que se pudiera destituir al mandatario nacional por la fuerza.

Si bien, en ocasiones algunas de sus expresiones no parecen comulgar con la realidad, como la insistencia en tildar de “mafia del poder”, “neoliberales” y “adversarios” a quienes han llegado a disentir, pero de eso, a un probable golpe de Estado, hay una distancia infinita, hipotética que no se percibe. Y qué bueno que así sea.

Igualmente, AMLO se queja de la forma “como lo tratan” en diversos espacios informativos, más en impresos que en televisivos o radiofónicos.

Ha aceptado que es fruto de un derecho el no necesariamente consentir en todo lo hecho por su gobierno, y lo acepta, más no es de su agrado.

No se pueden subordinar totalmente las opiniones sobre su gestión y, en verdad, ni en los otros muchos casos, a todos los niveles donde se toman decisiones.

Un avezado columnista de El Universal, Alejandro Hope, fue uno de muchos que tomaron el tema y ahondó al escribir que en el país no ha habido una rebelión militar desde 1938 y ninguna ha resultado triunfante desde 1921.

No faltó el suspicaz, en sentido del humor un tanto ácido, que parodiara a lo que el tabasqueño ha respondido en algunos casos, manifestando que él “tiene otros datos”.

La verdad, no se considera que en el caso de un embate contra el gobierno federal existan otros datos y, quizá, el presidente se curó en salud anticipando a lo que él creyera que se preparará en su contra, de lo cual la inmensa mayoría de los mexicanos “tiene otros datos”, respaldando su forma de conducir a la República.

Gilda Margarita, cuestionada

Apenas recién llegada de Alemania, Gilda Margarita Austin y Solís enfrentó a la Fiscalía General de la República (FGR) y a cuando menos seis fiscales, quienes le señalaron que desde sus cuentas bancarias su hijo Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), recibió sobornos de la empresa Odebrecht. Más de 10 millones de dólares.

La señora quedó vinculada a proceso, aunque permanecerá en su casa, bajo vigilancia.

En síntesis se le dijo que Emilio Lozoya había triangulado dinero y que en su contra había declarado Luis Alberto de Meneses, quien fungiera en México como director de Odebrecht.

Los acusadores, se advirtió que bien informados, se fueron a fondo en el análisis personal de Gilda Margarita.

La audiencia se prolongó durante nueve horas, en la persistencia que ella, presumiblemente, había autorizado los depósitos.

Este caso, sustancial en la lucha contra la corrupción del gobierno federal, gravita en una tácito señalamiento al exdirector de Pemex de que gran parte de los recursos recibidos se utilizaron con propósitos electorales en favor del expresidente Enrique Peña Nieto.

Se supone que Lozoya, en donde se encuentre, debe cargar sobre sus espaldas el dolor de que su madre sea públicamente exhibida por algo, se interpreta así, que fue de su única responsabilidad.

Comentarios