La santa alianza de Trump con Israel y Arabia Saudita pretende horadar el flanco sur de la “nueva ruta de la seda (B&R)” del binomio China/Rusia.

Sería grave error de juicio geoestratégico cesar de vislumbrar el cronograma competitivo de la cumbre B&R en Pekín, el 14 de mayo, con el inicio de la gira acrobática de Trump a Arabia Saudita e Israel, seis días después.

No es la primera vez que Estados Unidos (EU), antes y después de Trump, intenta descarrilar el B&R.

Ya el politólogo ruso Rostislav Ishenko había advertido que B&R representa “una amenaza directa al bienestar de EU, que tratará de frenarla a todo coste”.

Ishenko arguye que los proyectos de binomio China/Rusia y el de EU chocarán (sic) en Europa, “la región que lo decidirá todo”, ya que “todos los escenarios del comercio euroasiático suponen la presencia de un socio grande: la Unión Europea (UE). Es un enorme mercado para Rusia y China y también propietaria de altas tecnologías. El tránsito euroasiático de las mercancías solo tiene sentido si las compra y las vende Europa.

A EU le queda todavía la posibilidad de “eliminar a la UE como socio del proyecto ruso-chino”.

El descuartizamiento de Europa, escenario de las rutas comerciales terminales de Rusia y China, harían más fuerte a Washington, según Ishenko, ya que “la posibilidad de una comunidad euroasiática con la alianza ruso-china en su núcleo atemoriza enormemente a EU” y, en caso de formarse, “Washington perdería el control de las rutas comerciales mundiales, que se trasladarán de las vías oceánicas a las estepas de Eurasia”.

Así, “EU se encontraría en la periferia del comercio mundial… y su capacidad de dar un impulso a su propia economía disminuiría considerablemente”.

Que ni duda quepa que EU, antes o después de Trump –porque se trata de un asunto geoestratégico de vida y muerte para EU– intentará descarrilar a la Unión Económica Euroasiática apadrinada por el zar Vlady Putin, quien busca crear desde hace siete años “un espacio económico compartido desde Lisboa hasta Vladivostok” que se empata con el esquema B&R que lanzó el mandarín Xi 3 años más tarde”.

Ishenko devela “el plan desestabilizador” de EU que “alrededor de 2015 realizó tres (¡supersic!) intentos coordinados de perjudicar el proyecto de una Eurasia integrada”.

Evoca los tres intentos fallidos de EU con Obama: 1) la Primavera Árabe; 2) la crisis ucraniana, y 3) los tratados mercantilistas globales de EU: TPP y TTIP. Le faltó agregar el más pernicioso de todos: TISA.

La Primavera Árabe –que la prensa saudita acusa a Obama y Hillary Clinton de haber fomentado mediante la carta de los Hermanos Musulmanes–, según Ishenko, “tuvo como objetivo desestabilizar Oriente Próximo por décadas, con islamitas radicales que desatan guerras contra cualquier manifestación de civilización. Y el desmantelamiento del norte africano –de Túnez a Egipto–, de Siria y, finalmente, de Turquía, bloquearía por completo el flanco sureño (sic) de la nueva ruta de la seda”.

La crisis ucraniana tenía el propósito de “empantanar” a Rusia y “paralizar sus recursos, limitando la capacidad de Moscú de operar en las regiones de importancia para EU”. Además, busca(ba) “enemistar a Rusia y a la UE, bajando la rentabilidad del enorme proyecto logístico euroasiático”.

Como tercer esquema del torpedeo a Eurasia, EU buscó operar “los tratados comerciales globales –TTIP y TPP–”, mediante los cuales “EU planeaba ofrecer una ‘alternativa real’ a las rutas comerciales euroasiáticas destrozadas y asegurar su dominio económico y político a largo plazo”.

Pero, en los tres intentos de descarrilamiento del B&R por la dupla Obama/Hillary Clinton, EU no contó con la astucia y la réplica de sus dos adversarios geoestratégicos: Rusia y China.

El idílico plan de la dupla Obama/Hillary “se desmoronó cuando Rusia no cayó en la trampa ucraniana”, según RI quien aduce que “la nueva Ucrania fue diseñada como un agujero negro para recursos”.

Ucrania ha sido despojada de sus recursos primarios y de sus reservas internacionales que ya no le pertenecen y que ahora han sido prácticamente embargadas por el FMI, cuando su divisa, grivna, ha perdido sustancialmente su valor.

La trampa era doblemente económica y financiera en Ucrania, “destrozada deliberadamente por sus socios occidentales”. Cuando Rusia no acudió al rescate de Ucrania, diseñado como trampa, entonces “EU y la UE perdieron su interés hacia Kiev”

La astucia rusa “le permitió llevar una política exterior activa en Oriente próximo y, con un esfuerzo mínimo, Moscú cambió por completo la situación en Siria” donde “la guerra civil continúa todavía, pero los islamitas radicales ya no pueden ganarla”.

Además, “en 2013 Egipto rechazó la Primavera Árabe” y ahora goza de “estrechas relaciones con Rusia”, mientras Turquía, a pesar de un periodo político turbulento, se encuentra estable”.

Desde Siria pasando por Egipto hasta Turquía, y a partir de haber eludido la trampa ucraniana, “las acciones de Rusia protegieron el flanco sureño (sic) de la nueva ruta de la seda que la hicieron garante de la estabilidad de la región”.

Ishenko juzga que EU todavía tiene “su último as bajo la manga” y “nunca aceptará una derrota estratégica que lo ponga en la periferia del comercio mundial cuando aún tiene opciones para detenerla, menos sofisticadas y confortables, pero eficaces”.

¿La triunfal gira de Trump a Arabia Saudita e Israel constituye “su último as bajo la manga”?

Una de las medidas de EU consiste en “contraponer a Rusia y a China”, ofreciendo ventajas y trueques a cada uno para que rompan su alianza, pero “las dos potencias se dan cuenta de que tras derrotar a uno de los oponentes, Occidente se alzará inmediatamente contra el segundo”.

Una de las fortalezas de EU consiste en exacerbar la “presión mediática para amarrar navajas entre Rusia y China”.

A juicio de Ishenko, “al integrar a los países de Oriente Próximo en los grandes proyectos logísticos –el gasoducto Turk Stream con Turquía y el fortalecimiento de la presencia de Egipto en el mar Rojo–, Rusia controla directa o indirectamente todas las rutas comerciales del Ártico al golfo Pérsico, mientras sus socios voluntariamente abogan por la cooperación con el Kremlin”.

Suena impactante el concepto marítimo que conecta el océano Ártico al golfo Pérsico y al mar Rojo.

Trump todavía no expone su política sobre el océano Ártico.

Sea cual fuere su causal, el “cambio climático” deshielará el océano Ártico que conectará China y Rusia con los mercados de la UE, si es que EU no la despedaza antes.

@AlfredoJalifeR_.-

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