Jamás se ha encontrado ninguna inscripción con “maldiciones” en ninguna tumba egipcia. Esta falsa idea en realidad viene de la novela La momia (1828) escrita por Jane Loudon Webb, que fue todo un best-seller en su época. El mito se vio reforzado cuando un periodista del Daily Express en El Cairo hizo un “reportaje” sobre la supuesta maldición de Tutankamón en 1922.
Pero no fue la novela de Loudon lo que “alimentó” la imaginación de los periodistas, sino sir Arthur Conan Doyle, quien durante la búsqueda de la tumba del faraón egipcio difundió la idea de que al encontrarla deberían afrontar “una terrible maldición”.
En 2002 el British Medical Journal publicó un minucioso estudio para demostrar que de las 26 muertes atribuidas a la “maldición” solo seis personas murieron en los primeros 10 años posteriores al descubrimiento de la tumba. Howard Carter, a cargo de la investigación arqueológica –y sobre quien debió recaer el mayor peso de la “maldición”–, vivió 17 años más.
Lo único similar que se ha descubierto es una inscripción en un santuario dedicado a Anubis, que reza:

“Soy quien detiene las arenas para que no sepulten la cámara secreta. Soy el protector de los muertos”.

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