El viernes 3 de marzo tuvo verificativo el sexto Informe de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, en donde el rector Adolfo Pontigo Loyola dio cuenta de los avances, como el incremento en infraestructura de la universidad, fortaleciendo su perfil científico y tecnológico a la par de su vocación humanística, refrendando con ello lo inmutable de su compromiso social, que se evidencia al ampliar su capacidad para atender a más jóvenes, pues su matrícula pasó de 36 mil 258, en 2011, a 54 mil 614 estudiantes actualmente, con una oferta de 113 programas educativos y una planta de 587 docentes e investigadores; seis institutos, nueve planteles de educación superior y cinco preparatorias, además de un Parque Científico y Tecnológico, es una de las tres instituciones de educación superior del país que cuentan con un Observatorio Tecnológico.
La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo es visible internacionalmente y aceptada como una institución educativa que trabaja con parámetros básicos de calidad académica y administrativa, expresó el rector Adolfo Pontigo Loyola. Su fortaleza son sus valores universitarios y la creatividad de toda la comunidad universitaria, abierta al cambio e impulsando las transformaciones que demanda su entorno y la sociedad, con una visión transfronteriza y consciente de la sociedad digital, por ello se apoya en procesos de supercómputo e inteligencia artificial.
Las fuerzas de la globalización, internacionalización y supranacionalización han establecido como base la acumulación de riqueza, a través del dominio de mercados y de la propiedad intelectual, generando pobreza en grandes masas de población, por lo que los valores humanísticos están en riesgo de perderse.
Por ello, corresponde a las universidades, como garantes y salvaguarda de esos valores, impulsar la creación de una sociedad con una nueva democracia sustentada en “el servicio del bien común”, donde se respeten los derechos humanos, evitando su privatización; una sociedad transhumana donde la equidad social, económica y de género sean el marco del nuevo oficio de hombres y mujeres; imaginar comprensivamente la situación del otro.
La educación de alta calidad es el camino para lograr la reorientación de la era global, partiendo de la premisa de que el eje articulador de todos los procesos económicos, políticos y sociales es la aplicación intensiva de los conocimientos, cuyo soporte social es el sentido humanístico de los existentes como de los que se generen; ante esto, las universidades están llamadas a cumplir con su papel histórico de transformar las bases para construir la nueva sociedad, la nueva democracia.
Las universidades además de generar nuevos conocimientos, como parte de sus procesos de investigación, son corresponsables al igual que todas las organizaciones y entidades humanas de impulsar su difusión a través de la traducción de la oferta científica y tecnológica en soluciones pertinentes a las necesidades de los sectores productivos y de la sociedad en general.
Las universidades están llamadas por la historia de la humanidad a formar a los nuevos hombres y las nuevas mujeres capaces de transformar sus relaciones sociales, económicas y políticas, con un sentido de trascendencia como especie humana, integrada sinérgicamente a su medio ambiente.
Un modelo de desarrollo que tome en cuenta el pensamiento crítico que caracteriza a las universidades progresistas y humanísticas, reconoce que cada hombre y mujer posee una dignidad inalienable, que debe ser respetada por las leyes y las instituciones; una nación decente, reconoce que todo ciudadano tiene derechos, los cuales no deben ser privatizados, pero sí respetados como el agua, la salud y la educación.
Un gobierno legítimo no es aquel que solo gana en las urnas, comprando votos o aplicando estrategias informáticas, sino aquel que tiene el reconocimiento, el respeto y la aceptación social como respuesta a las oportunidades que le da a sus ciudadanos para disfrutar la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Pero eso no se puede lograr en tanto persistan los salarios bajos, la alta informalidad laboral, el elevado subempleo, así como la privatización de los servicios de salud, de educación y del agua, entre otros.
No son los discursos que tratan de ignorante a la ciudadanía, por no aceptar decisiones políticas que van en contra de su bienestar, los que cambian la historia, pero sí deja mucho que desear de quienes dirigen la política económica, cuando dicen que el incremento de los precios de gasolina no son inflacionarios, el incremento de la inflación fue su respuesta; la economía no obedece a discursos sin fundamento de conocimientos. No es así como se ganan las elecciones, ni la legitimidad, ¿o sí?

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