La temporada está casi definida, a reserva de tres equipos que aún pelean por un lugar para los juegos de comodines; todo está casi definido. Lo sorprendente fue que, a estas alturas de la temporada, un cambio de colores por parte de un jugador histórico cimbró a la liga: James Harrison es nuevo jugador de Patriotas.
¿Qué puede tener de impresionante que un jugador de 39 años haya sido cortado por un equipo y firmado por otro? Generalmente, lo único sorpresivo sería que a su edad aun haya encontrado equipo, pero este no es un jugador cualquiera, es James Harrison y, para los que tenemos algunos años siguiendo este deporte, sabemos que es uno de los jugadores históricos y emblemáticos de Pittsburgh. No solo es el líder histórico de capturas, el que le anotó a Cardenales con una devolución de intercepción desde su propia zona de anotación, es un jugador que se dedicó en cuerpo y alma a la institución, pero que esta temporada vio reducida su participación en el campo y ahora es parte de las filas de uno de los más odiados rivales de Acereros, los Patriots.
Catalogado este movimiento como “alta traición”, resulta por demás interesante cómo se ha divido la opinión pública. Con las nuevas declaraciones del centro de Steelers Maurkice Pouncey en las que relata cómo Harrison fue el que pidió en reiteradas ocasiones su cambio, dejando ver que quien había traicionado los colores fue él.
A final de cuentas, lo que yo puedo ver es que el deporte en general se está convirtiendo en un negocio en el que la lealtad y la fidelidad está dejándose de lado. Ya sea Harrison o Pittsburgh quien haya decidido terminar relaciones, es triste ver que una figura emblema de una institución tenga que terminar su carrera en otro equipo o con el “retiro” forzado.
La novela seguirá y lamentablemente la verdad solo la conocen Harrison y Pitts, veamos si el cambio no le sale perjudicial a Acereros. Feliz Año Nuevo, es tiempo de fiesta y la semana que viene, playoffs.

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