En una columna para Letras Libres, León Krauze indicó que los mexicanos vivimos un síndrome de orfandad. Dicho de forma burda: no tenemos a quién admirar. Las figuras aspiracionales forman parte de una extensa gama de disciplinas humanas: la psicología, la mercadotecnia, las artes y el deporte son algunas. En este último destacaba Rafael Márquez Álvarez, el que para muchos, incluyendo a un servidor, es el mejor futbolista mexicano de todos los tiempos. Perdón, Hugo. Como él mismo puntualizó, el michoacano enfrenta “el partido más difícil de su carrera”. Ser vinculado con fuerzas criminales es algo habitual en nuestro país para servidores públicos y empresarios que, no obstante, no tiene por qué ser visto como una cotidianidad intrascendente. Es terrible y reprobable, y debe ser penalizado. Pero cuando se trata de una figura pública que alimenta su fama de acciones distintas a los negocios y la política, ahí sí que se disparan las sospechas.
A nivel internacional, los dos mejores futbolistas de la época ya han sido señalados y llamados a declarar por presunta evasión fiscal. Ambos argumentaron desconocer las operaciones que se llevaban a cabo mientras ellos “se ganaban la vida a patadas”, como diría Juan Villoro. El Káiser, que fue señalado junto al cantante grupero Julión Álvarez, es vinculado con un narcotraficante cautivo y se le acusa de ser prestanombres a través de su decena de empresas. En respuesta, el capitán mexicano, sobrio y diplomático como solo él mismo, se presentó voluntariamente a declarar ante la Procuraduría General de la República (PGR) para acelerar un proceso que, dada su conducta y reacción inmediata, denota que se sabe inocente. Pero la justicia no pide autógrafos.
Las muestras de apoyo y total consternación han quedado evidenciadas, como todo en la era millennial, en redes sociales. Desde mensajes contundentes de defensa para el rojiblanco hasta enredos incómodos como el de Carlos Salcido, todos toman la palabra para defender a uno de los últimos ídolos mexicanos que quedan, no solo en el futbol sino en todos los ámbitos. Y Rafa lo ha agradecido calurosamente. Las porras serán su respaldo en los próximos meses.
El síndrome de orfandad cala y en serio entre el presente nacional. Ver a figuras de inspiración desmoronarse una a una tiene repercusiones palpables en la sociedad. Y al igual que hiciera el Club Atlas, no queda más que desear que el proceso correspondiente se lleve a cabo de acuerdo al libro. Solo el tiempo dirá cómo recordaremos a Rafa Márquez.

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