La anciana abuela toda su larga existencia se vio ocupada en amorosas labores domésticas que desempeñaba silbando, tarareando y canturreando como colorido loro huasteco, al atardecer se acomodaba rebozo, huaraches, mandil y nagua, dándose una alisada a sus tejidas y largas trenzas ordenaba a su yunta de pelones “vamos, es hora de andar”. Descendiendo de la derruida y húmeda vecindad, por el enlozado pavimento de la añeja barranca Santa Apolonia hasta la virreinal plaza Constitución, plaza Mayor de Mercaderes.
El ir y venir por los añejos portales le hacia recordar que esta primigenia plaza del mineral de argento, desde su traza e influencia peninsular del XVI, ha visto el surgimiento y la vida del mineral de Pachuca, la carga de hechos, modos y costumbres de aquí, desde su fundación y edificación como concesión del virreinato, como villa, además de la mezcla y unión de gachupines con indígenas, influencia de muchas razas, formas, haberes, herencias y patrones, asimilados y queridos por las familias del real minero de argento, del pulque y las costumbres mineras convertidos en acervo, haberes, saberes de muchas familias, demostración de la vinculación de abuelos y nietos.
Rascándose la cabeza, la viejilla no se sabe si para asustar alguna alimaña o para remover la memoria o las ideas, indicó “aquí en esta plaza de origen se vivió desde ordenanzas de la corona española, proclamas de las ascensiones de los monarcas peninsulares, lectura de los bandos, edictos, comunicaciones como cambio de virreyes, hasta la infausta picota escarmiento y lección para la población minera, paseos de pendones costumbre gachupina, así como marchas de cofradías y archicofradías con todo tipo de manifestaciones religiosas desde la Pasión y Muerte de Jesús, el Paseo de La Dolorosa pasando por el Niño Cautivo, la Virgen de la Soledad, el Cristo de Singuilucan, el Señor de Zelontla hasta la Asunción de María”. En esas andaba la viejecilla, cuando recordó puntualmente enseñanzas en uno de los documentos que guardaba recelosa, recitó de memoria:
“Si tuviera que usar una voz, una palabra, para describir lo que has significado para mi, lo que has hecho en mi, ¡lo que te amo!…no la encuentro, no existe en el diccionario una expresión para ese todo que significas, todo lo que eres, todo lo que fuiste. Esa enunciación podría ser ¡sal!, sí sal de grano grueso, sal de mar, sal de la que echamos a los alimentos, esa que los hace exquisitos, los conserva, les da cuerpo, sabor agradable, los sazona, los hace comestibles. ¡Tú has sido la sal de mi vida!, has sazonado mi existencia, has sazonado mis días amargos, igualmente les has dado sabor a los dulces y a los insípidos, los has aderezado, los has hecho alegres, coloridos. Hoy que faltas, me faltas por tu ausencia, me faltas en tu ejemplo y fortaleza, al no poder abrazarte, oírte, al no poder saborearte, verte y mucho menos acompañarte, a pesar de que tú estás conmigo.
“Hoy que me faltas, como falta aquello que imprescindiblemente debe irse, a pesar de resistirnos, oponernos, insistir por la costumbre, por el amor, en que debe permanecer por retener su sabor, su acervo, ¡por el egoísmo de amar!…Mi vida contigo giró en rededor, en torno de una mesa al calor de la cocina, de una estufa con muchos sabores y cocinados, giró alrededor de tus pláticas, de tus fascinantes y mágicas historias, de tus apasionantes y agradables recuerdos, entre las hebras de madejas de hilos de muchos colores, en el ensartar tus agujas, entre el movimiento del ganchillo de tejer y de las largas y tibias agujas, entre el esponjado estambre, del juego con los fríos y duros huevos de ónix útiles para zurcir y remendar calcetines, junto a los huevos de gallina, a los deliciosos guisos, siempre sin desatender, mirando el cazo de cobre con leche, el azúcar, la canela y el carbonato, disfrutando de la cocción del aromático humeante dulce de leche, del asado de chiles secos, del olor desprendido del ajonjolí tostado movido con la larga cuchara de palo para el delicioso mole verde dominguero, de fiesta, hasta ver el fondo de la cazuela.
“Mi vida creció, giró en torno a tu historia, a las pláticas de perfumados, olorosos y blancos nardos de tu elegante ramo y de la larguísima, blanca y exuberante cola de novia de tu boda ¡que luego, también sirvió de fondo de tus hijas! Mi vida fue a tu lado, con tu compañía, la más maravillosa infancia, una ordenada complicidad de pautas, enseñanzas, costumbres, haberes, en la adolescencia un legado y pudor para la vida adulta. Pero me debes el lazo de mi boda, sigo con tu guía, consejos, costumbres y enseñanzas, con tus maneras, ¡lo prometo!…espérame allá en la eternidad, donde nos habremos de rencontrar, donde ahora te siento, existes y nos miras. Sé que somos energía, espíritu que cambia y se transforma dejando un gran rastro, un gran recuerdo, maneras, conocimientos, ¡nuestro acervo! Agradezco tus interminables sonrisas, tus consejos, amonestaciones, por decirme espontanea e incansablemente cuánto me querías, por abrazarme calurosamente, por permitirme estar contigo, seguirte, aprenderte, por darme la oportunidad de ser parte de ti, de ser tu nieta… ‘¡La que más te quiere!’, te reconozco por tu legado, costumbres, tu herencia, tus maneras, por tus enseñanzas, por amarme tanto.” Firma ilegible doña MAM.
El cascabel al gato, por confusión de uno por otro o unos por otros, se da una enmienda, una aclaración de la columna publicada el 24 de septiembre pasado, donde se dijo que “a virrey muerto virrey puesto” por que tendremos pan y circo o puro circo, lo que se vio en el acto o paseo del sentido virrey en la plaza Juárez al no ocupar el balcón del edificio de gobierno, dando el Grito a ras del piso, a según en medio del pueblo, sonó campanilla dicha de “megacampana”. Muy distinto al escenario, actores, luces de la tradición popular.

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