El título es breve: Politiquerías, aunque con agregado que parece explicar el contenido: Glosario para entender el tejemaneje de las elecciones en México.

El autor de esa singular recopilación es Fernando Montes de Oca Sicilia, quien presenta expresiones, la mayoría hasta casi de uso común, primero con un enfoque que pudiera definirse como serio y después incluye cómo se han asimilado popularmente al paso de los años.

Montes de Oca Sicilia es originario de la Ciudad de México, abogado de antaño, según se lee en su breve presentación, y escritor curioso, o más bien un lector ávido que escribe.

Se especializa en datos peculiares, en las estadísticas asombrosas y en las ideas y frases llenas de humor. Todo esto le ha permitido publicar otros textos como: Todo sobre el alcohol, Datos inútiles sobre el deporte, Lo que se siembra se cosecha, El que no transa no avanza, El libro de El Diablo y sus demonios y el bien ponderado, así como fuertecito, Pendejonario.

Y así, muy al azar, se citan algunos ejemplos.

Bajo perfil. Estrategia de un candidato para mantener una actitud discreta ante el ojo público, con el fin de evitar metidas de pata y, por tanto, rechazos por parte de los ciudadanos; se presenta ante los medios de comunicación lo suficiente como para ser notado y también para pasar desapercibido sin incitar a la polémica, generando un impacto positivo ante los electores.

La explicación es mordaz: “Ese candidato prefiere mantener un bajo perfil porque sabe que tiene mucha cola que le pisen”.

Caballada. Expresión atribuida hace algunos ayeres al entonces cacique del estado de Guerrero Rubén Figueroa cuando mencionó, de forma metafórica, a los posibles candidatos para los puestos de elección popular que no contaban con los “tamaños” para ocupar esas sillas. En otros términos, se refiere a las futuras opciones de un partido político que serán postuladas para su candidatura.

La interpretación es directa: “Está tan flaca la caballada para este nuevo sexenio que hasta parecen canes”.

Contubernio. Intercambio de favores entre políticos donde se ve involucrada la complicidad para hacer u ocultar algo indebido, generando redes horrorosas de influencias. Dicho término procede de una palabra griega que describe las relaciones sexuales que tenían los amos con sus esclavos, de las que nacían hijos a quienes no se reconocía ni como esclavos ni como personas; eran, simplemente, engendros.

Fernando Montes contribuye citando: “Te digo que te conviene, colega. Mira, dame la candidatura pa’ gobernador y te dejo la vía libre para la del Senado. El contubernio nos conviene a los dos”.

Chamaquear. Engañar fácilmente, abusando de la credulidad e inexperiencia de otra persona. Lo que sucede casi siempre en cada temporada de elecciones cuando los candidatos de cualquier partido hacen un montón de promesas a los ciudadanos, quienes se las comen sin chistar, igual que como se comen las tortas de un mitin al que acudieron de acarreados.

En lenguaje llano: “Ya nos volvieron a chamaquear; otras elecciones que votamos por un sinvergüenza”.

Chanchullo. Ardid, plan, propósito o medio discreto e ilícito con el que se intenta obtener un beneficio –generalmente financiero–. Es una artimaña muy usada por los de la élite política, quienes se confabulan para elaborar el mejor plan que los lleve a cumplir sus metas y saciar su hambre de poder.

En otras palabras: “Con tantos chanchullos dentro del manejo de los paquetes electorales, se me hace que nos va a caer el chahuistle”.

Chapulín. Insecto de color verde amarillento o café, herbívoro, con patas traseras muy fuertes que le permiten dar grandes saltos. Por analogía: funcionario público que cambia constantemente de puesto, cargo público o partido político para no perder su hueso, quien justifica su acción argumentando que su partido ha cambiado y ya no está de acuerdo con sus prácticas porque van en contra de su moral y ética políticas.

Condensado lo que cita el escritor: “En esta legislatura hay más chapulines que en todo Oaxaca”.

Y otro más, porque la lista es larga.

Dedazo. Designación de un candidato, gobernante o funcionario a criterio de quien ostenta el poder, sin considerar la opinión de los ciudadanos ni de su partido y mucho menos de lo que estipule la democracia. Según Héctor Aguilar Camín, la época de oro del dedazo coincide con la época de oro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuando los sucesores a la presidencia eran elegidos con este método sin que hubiera rebeliones, motines o sobresaltos.

Concluye con: “Ojalá que el índice del preciso se vaya moviendo hasta darle un dedazo a este humilde servidor”.

De Grijalbo, Algarabía Editorial; la primera edición es de junio de 2018.

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