Ayer entró en vigor la Ley de Amnistía para el Estado de Hidalgo que recientemente aprobó el Congreso local y cuyo objetivo es despresurizar los penales frente a la contingencia sanitaria del coronavirus (Covid-19). En ese contexto, el 22 de junio la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) dio a conocer un informe donde Hidalgo se encuentra en el noveno lugar respecto al número de contagios en cárceles. En aquel entonces, es decir, hace un mes exactamente, Hidalgo registraba 12 casos confirmados y 10 sospechosos entre la población que se encuentra privada de su libertad en centros de reclusión estatales. Las cifras nacionales en aquella fecha consignaban que en todo el país había 527 casos confirmados, 220 sospechosos, 87 decesos y que se habían producido tres riñas o mítines derivadas de las medidas de seguridad implementadas tras la pandemia. Pues bien, justamente uno de los objetivos de la ley de amnistía es reducir esas cifras. Sabemos que en México las cárceles están saturadas, muchas veces por personas que purgan penas por ilícitos menores como robo simple y sin violencia o delitos contra la salud (principalmente por haber sido sorprendidos en posesión de alguna droga para consumo propio). También, hay casos de personas que se encuentran privadas de su libertad debido a que interrumpieron su embarazo en entidades que aún penalizan esa práctica e incluso existen indígenas que están privados de su libertad debido a que enfrentaron su proceso en español, sin tener un intérprete de su lengua natal. Hoy, esas personas corren riesgo debido a que se encuentran confinadas en penales en donde circula el patógeno y esta nueva legislación les abre, literalmente, una oportunidad para salvar sus vidas. Ahora, resta hacer un trabajo de difusión de esta ley para que aquellas personas que sean susceptibles de beneficiarse de accedan a ella. También, habrá que vigilar que el gobierno estatal diseñe el estatuto secundario, que ponga pies y cabeza a los procedimientos que deben seguirse. Y aquí sí, el tiempo vale oro. De filón. Las cifras imparables, aunque a veces se nos olviden de tanto escucharlas a diario. Según el último corte, en Hidalgo ha habido 903 fallecimientos desde que llegó el Covid-19. Esto arroja una cifra promedio de siete personas muertas cada día. De ese tamaño es la letalidad del virus.

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