Mucho se especuló sobre la posible salida de México de la competición más importante de América a nivel de clubes. Finalmente, el viernes se determinó que los clubes aztecas desertarían en su calidad de invitados al certamen de Conmebol, como anunció el presidente de la Liga MX Enrique Bonilla. En primera instancia podría parecer un retroceso para nuestro balompié, pero es vital considerar algunas cuestiones antes de sacar los trinches.
En primer lugar, y como ya mencioné, México no pertenece a la confederación sudamericana; por lo tanto, no tiene voz ni voto en las decisiones de organización. Esto quedó reflejado en las peticiones rechazadas respecto a una sede neutral para la final y el ajuste de calendario, mismo que planea abarcar todo el año natural. Además, recuérdese la regla de que un club mexicano no podría ir al Mundial de Clubes de ganar la Copa Libertadores puesto que no pertenece a la confederación. Desde ahí estamos aislados.
Piénsese también en el historial de nuestros compatriotas en el sur. Desde 1998 hubo 18 equipos que buscaron conquistar el continente y solo tres se quedaron a un paso de lograrlo: Cruz Azul, Chivas y Tigres. El resto han sido participaciones discretas, dramáticas o simplemente para el olvido. ¿La razón? Los equipos suelen priorizar con la liga doméstica como máxima aspiración debido al sistema porcentual de descenso y a las limitaciones de las plantillas. Ni siquiera Tigres, que terminó como líder del Clausura 2015, pudo continuar con vida en la justa nacional debido a su interés por ganar la Libertadores.
Incluso, puede hablarse de un error estratégico general de Conmebol. Tanto medios como aficionados han considerado la Libertadores como “la Champions de América”, lo cuál es un error garrafal. Tan solo las dificultades geográficas representan un reto adicional a los ya complicados y disparejos calendarios (como argumentó Bonilla), y no hablemos de los sistemas económicos y políticos del continente. Un impedimento más.
Está claro que renunciar a una competencia internacional siempre representará un retroceso en espectáculo y ambición deportiva y administrativa. Sin embargo, los argumentos de dueños y directivos son sólidos: México era el país “colado” a la fiesta latinoamericana. Hablar de un club que tenga que disputar hasta tres torneos es impensable para las condiciones de nuestra liga. No obstante, eso no es impedimento para que la propia liga mexicana analice sus alcances y limitaciones para, precisamente, volver al ataque.

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