Libro de los méritos de la vida, Hildegarda de Bingen Ordo Virtutum, Hildegarde Von Bingen

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A mitad de la década de 1980, cuando Oliver Sacks dio a conocer sus investigaciones a través de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, le dedicó un espacio a la misteriosa abadesa alemana Hildegarde Von Bingen, religiosa del medioevo quien desde la temprana edad de seis años se dijo era presa de visiones que la hacían mirar más allá de cuanto percibe el ojo y el espíritu.

Hildegarda corrió con fortuna, ya que tuvo por guías a dos devotos religiosos que para el siglo XII de nuestra era no solo la condujeron por un camino libre de la duda de que se tratase de una mujer posesa por demonios u otra criatura sobrenatural, a los 38 años fue declarada abadesa de la orden benedictina en la que se formó y más tarde dirigió auxiliada por una formación portentosa para una mujer en ese periodo de la historia.

La obra de Von Bingen es copiosa y brutalmente grande, tratándose ya de un compositor apenas tomado en cuenta, pero redescubierto y valorado en el transcurso de 20 años. Todo lo encontrado de su trabajo revela una capacidad fuera de serie para un talento musical de la edad media, que además trabajó filosofía, lingüística, medicina, escritura, teología, misticismo y a saber, dada la oscuridad que la cubrió hasta el reencuentro de su obra a fines del siglo XX.

De ella se sabe que además de haber alcanzado virtudes que la aproximan al talento de Da Vinci, padecía episodios jaquecosos de tal forma tortuosos, que cuando se habían disipado, el estado de paz que alcanzaba era de una lucidez abrumadora y durante los cuales se instalaba en la creación de dos aspectos relevantes de su obra, la escritura y la composición musical, pese a que su obra teológica recibió la aprobación papal para ser ejercida y buena parte del pensamiento sacro de su tiempo se debe a Hildegarde.

Gracias a que mucha de la música que se considera de la edad media está constituida por cantos, mismos que a su vez forman parte de un periodo histórico del que el sistema de notación musical no es claro ni se encuentra estandarizado como en la actualidad, el trabajo de Von Bingen en Ordo Virtutum, que comprende 70 composiciones, no se sabe a ciencia cierta cuál es su forma definitiva, ya que se encuentra sin sus correspondientes observaciones musicales, pero toda converge en un mismo punto, las epifanías, las revelaciones.

Paradójicamente no existe un solo aspecto de su obra que contenga alusión a ella, puesto que para cada manifestación, cada aspecto, decía de su trabajo que era “la luz viviente a través de una simple mortal”; de tal modo, Scivias (Conoce los caminos) Liber Vitae Meritorum (Libro de los méritos de la vida) y Liber Divinorum Operum (Libro de las obras divinas), si aparecen con la consigna de ella, es por libertades que se tomaron escribas y cronistas de la época.

El Libro de los méritos es un trabajo en extremo sui generis, en la medida que constituye una especie de revisión teológica sobre cómo percibe la edad media el pecado y la constelación de criaturas que a ello se reducen, pero con el valor añadido de que se compagina con el I Ching, versión oriental sobre la existencia de puntos cardinales y cómo cada uno ejerce influencia sobre el ser humano, destacando la existencia del orden y el caos. La versión de Von Bingen plantea esto, pero además crea una suerte de bestiario medieval, anterior a la existencia de todo texto alusivo a un contenido similar.
Ordo Virtutum, por su parte, es un caso musical sin parangón. Basta escuchar cualquier composición denominada canto gregoriano para asumir que esas manifestaciones, producidas entre los siglos IX y X, durante la edad media, comprenden toda la música creada en ese entonces, para asumir que no hubo más. No obstante, la obra de Von Bingen justo representa la transición entre una concepción inicua, pecaminosa y culpable, por otra prístina, alegre y devota que se consideraría de imposible representación hasta escuchar el contraste brutal entre la música de un periodo y el otro.
Así las cosas, si es que hay una autora irrefutable sobre quien poner atención, sin duda Hildegarde von Bingen es una apuesta que vale la pena conocer.

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