En este año, en estas elecciones cruciales, las candidaturas son especialmente importantes para la ciudadanía. Entre tanto debate, tanta movilidad entre partidos y promesas incumplidas, vale reflexionar sobre quiénes son, qué queremos o esperamos de estos futuros representantes, y qué tan reales son nuestras expectativas.
Un punto importante de estas candidaturas es la ley electoral de paridad política. Un tema que desde los resultados de las elecciones de 2015 y los avances cuantitativos de las mujeres en el Congreso del estado, pero no proporcional en otros encargos de elección popular, es un aspecto a revisar, a contemplar en esa igualdad sustantiva que soñamos hoy y por la que trabajaron desde el pasado nuestras ancestras, justo hace poco más de un siglo. Lo cierto es que una mujer por ser mujer no garantiza que se trabaje en pro de las mujeres, ni que sea sensible o haga la diferencia en temas sustanciales y urgentes.
Por esto, en el alud de promesas del “ahora sí” o “yo voy a hacer la diferencia”, pocos discursos son rescatables y dignos de credibilidad. Uno de ellos es el referente a la educación. Nadie en el país se compromete realmente con planes concretos y proyecciones fieles a nuestra problemática. En nuestro estado, menos.
Sin embargo, una candidata en el crisol de candidaturas está haciendo la diferencia y hay que seguir su proceso de campaña y atender la claridad de su diagnóstico. Se trata de Lidia García Anaya, candidata a diputada federal por el distrito 06 con cabecera en Pachuca, por el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Independientemente de que su historia y trayectoria laboral sea el ámbito universitario, esto no garantiza su conciencia sobre la importancia que tiene la educación para el desarrollo de un país, de un estado, de la sociedad en general. Pero en este caso, sí. Para comenzar, en uno de sus comunicados oficiales, expresa: “En México, la mayoría de jóvenes con estudios de preparatoria o licenciatura no tiene oportunidad de encontrar trabajos en condiciones dignas. De acuerdo con datos de ProJuventud 2014-2018 del gobierno federal, siete de cada 10 egresados de nivel preparatoria consiguen su primer empleo a través de redes informales”.
Y precisa: “En Hidalgo, solo tres de cada 10 jóvenes realizan estudios universitarios, de acuerdo con datos del Inegi. En tanto, a nivel nacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que México tiene uno de los porcentajes más bajos de jóvenes que ingresan a la universidad, pues según datos de la Secretaría de Educación Pública, únicamente el 24 por ciento estudia alguna carrera profesional, mientras que en otros países las cifras son por encima del 60 por ciento”.
Por si no fuera suficiente, Lidia García explica que parte de esa situación adversa no solo tiene que ver con presupuesto, sino con la decepcionante realidad: “El desempleo y baja remuneración ligada a los estudios universitarios es una de las causas de deserción en México, donde solo ocho de cada 100 estudiantes logran terminar la carrera, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
“En México, la tasa de contratación de personas con nivel licenciatura es de 79 por ciento, de acuerdo con el diagnóstico de la OCDE, mientras que el promedio de otros países es de 83 por ciento. Por otro lado, el porcentaje de empleo de las personas sin estudios universitarios es de 62 por ciento. Este dato es clave: existe poca diferencia entre estar desempleado o empleado para las personas con título universitario y quienes no lo tienen.”
Bajo este diagnóstico y escenario, Lidia García ofrece y se compromete a “trabajar desde el Congreso federal por cambiar el rumbo en Hidalgo para ofrecer verdaderas oportunidades laborales para ellos y ellas, pero también sacar a la entidad del subdesarrollo en que se encuentra. (Porque) las y los jóvenes son los más castigados por las malas decisiones en materia económica en este país”.
Los datos duros son contundentes, no tienen réplica posible. La claridad sobre el tema que tiene Lidia García tiene que ver con su historia personal, que lejos de ocultarla, olvidarla o negarla, le da autoridad y credibilidad para aspirar a un encargo donde trabajará por la educación. Ella tiene 30 años como docente en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); según información oficial, ella es originaria de Omitlán, es la tercera hija de seis hermanos; su padre fue minero. Por esta historia familiar, ella desde pequeña aprendió a trabajar para apoyar a su familia.
Su vocación por el estudio y su carácter resiliente la llevaron a sortear adversidades económicas y regionales; “para cursar la secundaria en el municipio de Atotonilco El Grande debía subir por un empinado camino empedrado, cruzar la carretera y esperar a la orilla el transporte público. Durante la preparatoria y la carrera en Pachuca trabajó y estudió al mismo tiempo para cubrir sus gastos. A pesar de ello, siempre se distinguió por sus altas calificaciones”.
Lidia sabe del esfuerzo, de la falta de apoyo y crecimiento político y social que de verdad ofrezcan oportunidades, y no porque ella pudo concluir sus estudios con esfuerzo y luego ejercer su profesión se olvida de que se debe trabajar por quienes no fueron afortunados como ella, sino por el contrario, se compromete a gestionar condiciones reales para crecer desde la educación para las nuevas generaciones. Sin duda, Lidia García Anaya es una candidata a la que hay que seguir y apoyar para que el país, el estado, crezcan desde la bondad de la educación.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.