Las fétidas declaraciones del Guasón Meade –solo a su mamá le gusta su sonrisa– de que las demenciales alzas a los combustibles evitarán más deuda externa e inflación son realmente de sanatorio para desahuciados mentales. No obedecen a lógica alguna y lastiman irremediablemente la sensibilidad y la inteligencia hasta de un pueblo que ha sido preparado para aguantar tooodas las necedades posibles.
Son absolutamente reptilianas, apoyan la mecánica de los procederes bajunos e inconscientes de una casta de desquiciados que nacieron para nunca mandar sobre los demás. Cualquier persona con dos dedos de frente reaccionaría de inmediato con indignación y rabia. Lo están haciendo cientos de miles de mexicanos bien nacidos. No hay que dejarlos solos.
Abonan al pensamiento históricamente comprobado de que los explotados han tomado el camino de las tres erres: rechazo al gobierno estulto, rabia contra la opresión y revancha contra las decisiones cupulares de los que deciden en desventaja. Las tres que no auguran nada bueno.
Están diseñadas para desencadenar movilizaciones tumultuarias e incontrolables, frente a las cuales no se sabría qué hacer. Arrinconan a los desposeídos pegando en el lugar más sensible: el bolsillo de los ciudadanos. El sistemita no tiene la legitimidad ni está equipado con la fuerza suficiente para enfrentar el resentimiento que se avecina, mucho menos para reprimirlo.

Además, oootro préstamo
a NY de 500 mil millones

Solo a un mentecato del tamaño del reaccionario Meade –impuesto por Videgaray, otro de ese jaez– se le puede ocurrir negar en redondo lo que él mismo difundió en un boletín oficial de hace unos días: la decisión de los toluquitas de pedir prestado en enero a los financieros neoyorkinos la cantidad de 500 mil millones de pesos, para completar “el chivo” del presupuesto nacional.
Solo a él se le puede ocurrir que los excesivos impuestos que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público puesta a su cargo en mala hora, carga a cada litro de gasolina, no va a provocar inflación, cuando hasta Carstens, encargado de vigilarla, ha reconocido que los precios de bienes y servicios se dispararán hasta las nubes.
O revelan un desconocimiento absoluto de su función o es un bazucazo insensato sobre el dolido cerebro de los mexicanos. Cualquier posibilidad es grave, porque se suma a una cadena de errores elementales que ya son insoportables, que han dañado en extremo toda posibilidad de convivencia pacífica entre gobierno y gobernados.

Estaban obligados a defender
la economía popular

Son patadas de ahogado, que ahora sí, pegaron en las partes blandas del tigre, opinan los sensatos. No solo eso, que es alarmante, sino la ilusión esperada para acudir al rescate de nuestros principios y valores más emblemáticos como sociedad, asentada sobre un territorio riquísimo en petróleo que ha sido saqueado con voracidad y sin recato.
Saqueado por los mismos “próceres” que, solo en teoría y por su juramento inicial, estaban primigeniamente obligados a defender la economía popular, la soberanía nacional y sus recursos. De la mano con sus patrones transnacionales han dado la espalda a sus verdaderos jefes, los que pagamos su salario y hemos sido traicionados por una pandilla de rateros con salvoconducto.
Nos han avergonzado nuevamente ante el mundo conocido, por nuestra condición de país petrolero, miserable y escarnecido desde que se tenga memoria, pero hoy con saña inaudita, y tratando de vendernos espejitos que solo existen en sus destruidas neuronas, como las declaraciones imbéciles del precandidato priista Meade, el Guasón que, afirman, tiene en las encuestas la mayor aceptación de los tripuladores de un partido que agotó su razón de prevalecer.
Solo en tierra de ciegos el tuerto es rey. Pero México es tierra de grandes hombres, de una enorme cultura de reivindicación popular, de grupos avanzados de pensamiento que han estado en la sombra de las preferencias y son absolutamente desconocidos por los toluquitas en el poder, quienes solo se rodean de los ambiciosos y descastados que los acompañan.

Ignorancia extrema del
manejo de los asuntos públicos

Pero, como todo en la vida, hasta las pendejadas tienen un límite, más allá del cual no debe proceder ningún atentado a la conciencia colectiva, menos a la inteligencia y al sentimiento de un pueblo sometido, resistente a las castas gobernantes de improvisados y estultos que dominan gracias a su complicidad con el narcotráfico y los jugosos negocios que se controlan del otro lado del río Bravo, pero que cuentan con la aquiescencia de sus capataces investidos acá en el rancho grande.
Los infames toluquitas y su ignorancia extrema del manejo de los asuntos públicos, más su voracidad irrefrenable sobre nuestros haberes como pueblo, se han echado la soga al cuello, han puesto las condiciones objetivas del repudio nacional. Ha llegado nuestra hora de los hornos, y cada quien debe cooperar desde sus posibilidades y su ánimo cultural.

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