Diego Petersen Farah

Alguien dijo –perdón al autor de la idea por mi mala memoria, pero lo escuché en una conversación y de plano no me acuerdo dónde– que Morena no es otra cosa sino la tribu ganadora del PRD. Y sí, la lógica de la izquierda sigue siendo tribal y, como algunas de las tribus amazónicas, también suicida. La capacidad de bipartición y autodestrucción de la izquierda mexicana está más allá de lo imaginable.
El PRD está metido en una horrible paradoja. Si apoya a Andrés Manuel, como lo proponen tres de las cinco tribus que quedan dentro del partido, pude contribuir a que por fin la izquierda llegue a la presidencia de la República, pero eso significa el fin del partido. Si apoya al PAN puede sobrevivir como partido, pero haciendo exactamente lo contrario a sus convicciones y a su proyecto de país; serán los esquiroles que le dieron el poder a la derecha. Si nombra candidato propio en medio de una elección que, a como se ve, será tan polarizada como la de 2006, corre el riesgo de perderse en medio de la confrontación y en una de esas hasta perder el registro.
En cualquier caso, la salida del PRD del escenario electoral sería una mala noticia para el país. No por los políticos que en él militan, pues como en todos los partidos hay unos pocos buenos, muchos malos y una mayoría execrable, sino por la agenda que representa este instituto político. La ampliación de libertades en este país se ha desarrollado de la mano del PRD. Los debates sobre despenalización de la mariguana, el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, así como el matrimonio igualitario, por citar las más importantes, han salido del seno del PRD.
Morena no es un partido; es un movimiento nacional en torno a una figura muy fuerte y carismática. La ideología de Morena es la ideología del caudillo y Andrés Manuel es un hombre profundamente conservador y moralista. La declaración de principios de Morena, un documento de apenas seis cuartillas, no toca para nada los temas de ampliación de libertades. López Obrador jamás se ha definido, ni se definirá en estos temas, no por una cuestión de mercado electoral, sino de convicciones personales.
Asimilar al PRD a Morena, corre el riesgo de que perdamos al único partido que impulsa esta agenda en el país. Y no se trata solo de una cuestión ideológica, de una visión más libertaria o más conservadora: la ampliación de libertades es un elemento fundamental para el desarrollo de la nueva economía y la atracción de talento. Lo que está en juego no es la moral y las buenas costumbres, sino la creación de condiciones sociales necesarias para el desarrollo de la economía de futuro en México.
Quizá por esto, y a lo mejor solo por esto, valga la pena derramar algunas lágrimas por lo que está pasando en el PRD.

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