Llueve sobre mojado y sobre mojado la lluvia inunda la tierra que se convierte en surco, en arroyo, en río, en mar. La lluvia cae por tu cabello, la gota de luz traslucida en tu párpado se confunde con tus ojos.
Atraes como una lágrima, te haces presente y ausente. Con las manos levantadas giras sobre ti misma en un baile alegre que recoge en tu sonrisa toda la alegría del mundo. Eres feliz en ese mundo de agua.
Tu respiración es una con la del cielo, tu vuelo de aleteos frágiles es la belleza misma del Universo, alzada en lo más sublime. Radiante como el Sol te nublas a ti misma para convertirte en líquido que transcurre.
K veía llover desde la ventana de su estudio. Era un atardecer gris que le recordaba otras tardes parecidas, pero que era única por lo que tenía en su corazón y que intentó enunciar con palabras que le salieron torpes.
Quería decirle a M tantas cosas, expresarle tantos sentimientos con la simbología de la lluvia que ella tanto amaba. Pero las frases se le escondían, se le hacían vacías nomás nacer y le negaban lo que tanto deseaba.
Había leído tanta poesía de lluvia, poesía maravillosa que lo había extasiado. Se había mojado tantas veces cuando el aguacero de afuera coincidía con el de adentro, también a lado de M, juntas las manos.
La lluvia lo exaltaba de una manera que no sabía explicarse. Le era difícil concentrar en oraciones aquella sensibilidad especial que lo llenaba de goce. Entonces acudía a las imágenes de M.
Su mujer la amaba y siempre que le alcanzaba en casa salía al patio a mojarse y bailar su baile de círculos de brazos abiertos con la felicidad en el rostro. Puro goce inmenso en esos momentos.
Cómo captar esos instantes sin la torpeza de un conjunto de palabras mal ajustadas, peor elegidas; cómo no profanar esa belleza con un escrito sacrílego dictado por una memoria caprichosa.
No había respuesta para aquellos interrogantes que en vez de acercarlo lo alejaban del sentimiento que intentaba expresar. Solo le quedaba contemplar la felicidad de M que ahora saltaba dentro de los charcos como una niña.
La miró largamente olvidándose de las palabras. La miró con alegría y esperanza. Salió al patio, se mojó, bailó con el agua, fue feliz.

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Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, maestro en análisis y gestión de la ciencia y la tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Autor de varios libros y artículos indexados. Columnista de Libre por convicción Independiente de Hidalgo.