Lo abstracto en la piel, de lo figurativo a lo abstracto y de regreso. De pincelada en pincelada, desgarrando el lienzo blanco, se tiñe de colores y emociones.

La exposición se inauguró el viernes 12 de abril a las 20:30 horas en Casa Encantada 1730, y se encuentra abierta al público desde entonces, con fecha de cierre al miércoles 15 de mayo.

La exposición Lo abstracto en la piel cuenta con 13 obras al óleo realizadas entre noviembre de 2017 y marzo de 2019; la entrada es libre.

En la obra de Pablo Liedo podremos encontrar una mirada en ocasiones atrevida, pero también reflexiva y de una ensoñación profunda. El discurso plástico amalgama las impresiones del autor ante su inevitable destino, nuevos códigos de comunicación se gestan en sus impresiones, pero sobre todo en el accionar de su vida. En este nuevo viaje al que se enfrentará ha conocido al amigo más honesto y fiel, guardián de sus caminos y protector de sus más preciados tesoros.

El artista plástico Pablo Liedo es selectivo en elegir a quien comparte sus emociones, ya que en su obra evidencia actos de intimidad consciente, por lo que quien intente interpretar su trabajo tendrá que estar dispuesto a mirarlo solo con una sensibilidad similar y coraje.

Cito la placa con la que el poeta internacional Diego José abre la presentación de esta exposición:
“Las huellas de la mirada
La mirada es una aproximación al mundo de las formas en su identidad integrada, permitiéndonos reconocer y dar sentido al caudal de percepciones; pero a su vez, nos separa de lo real al diferenciarnos del mundo. Al mirar, el mundo se vuelve próximo y lejano. Lo veo y lo descubro desde la distancia propia de la mirada. Probablemente, esta separación primigenia con el orden natural se traduce en esa irremediable incomprensión, que mueve a los artistas a representar lo que la mirada recoge más allá del mundo fenoménico.”

La pintura contiene esa extraña transición entre lo que hirió nuestra mirada y el recuerdo de lo mirado que se anuncia como una prolongada cicatriz interior.

Los trabajos de Pablo Lavaniegos nos invitan a recuperar la memoria y el anhelo del mirar, por esta razón sus escenarios y desdoblamientos sugieren un camino de introspección y autorrepresentación. ¿Quiénes somos cuando miramos?, ¿hacia dónde desemboca la mirada, en qué escondrijo se oculta lo que se desvanece? Si el rostro es uno de los rasgos que nos humanizan, la mirada fija nuestra relación con los otros y con el mundo, tanto en la visión desesperada de quien pretende la eternización del acto de mirar, como aquel que fluye en la violenta gravitación de lo que miramos. Las huellas de la mirada contienen los gestos que nos permiten vernos a nosotros mismos más allá del tiempo. De ahí que Alberto Durero afirmara que “el retrato es la única defensa del hombre contra la muerte”.

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