Eran los años del corporativismo y el presidencialismo, cuando de niños teníamos apenas una decena de canales televisivos a escoger y cada primero de septiembre, sin falta, en cadena nacional el Informe de Gobierno del PRI-sidente en turno.
Aunque no me tocó vivir en la década de 1970, al estudiar la licenciatura tuve que analizar cada sexenio de su “majestad el PRI”; recuerdo la efigie de Luis Echeverría (1970-1976) parloteando en blanco y negro, analizando su gobierno como uno sin igual en la historia, nada nuevo, siempre dicen que son los mejores y simplemente dejan mucho que desear. Pasó a la historia como un patético presidente, un verdadero populista que no logró más que ser recordado como el artífice de la masacre de Tlatelolco en 1968. Sin embargo, ostenta el récord por salutación a invitados, el conocido “besamanos”, con 3 mil personas en su haber, era la apoteosis misma, el “Día del Presidente”.
Tampoco olvido otra figura pública infaltable en la prensa diaria, gozo de los cartonistas, la del líder sindical Fidel Velázquez con sus sempiternos lentes oscuros, rodeado de hombres de negro y pancartas con la leyenda de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), de la que fue secretario general de 1941 a 1947 y de 1950 hasta su muerte, a los 97 años, en 1997. Un personaje que se jactaba de ser el amo y señor del sindicalismo mexicano, mucho antes de Elba Esther Gordillo. El gran dinosaurio del régimen que en lugar de ayudar a la clase proletaria se ayudaba de ellos para sus propios fines.
La asociación era inmediata: político igual a traje y lentes oscuros; o bien, político igual a corrupción. Al menos ha variado un poco el estilo de vestir, ahora vemos a personajes de la política sin corbata, con las mangas remangadas tratando de dar a entender que está más que listo para poner “manos a la obra” como el caso de Osorio Chong, un presidenciable en potencia para el próximo año de elecciones para sustituir a Enrique “Pena” Nieto. Aunque la guayabera, puesta de moda por Echeverría, se conserva como un clásico de la moda política, sobre todo en climas tropicales.
Los sexenios de Echeverría, López Portillo (Jolopo, como le decían algunos o también aquel chiste de conseja popular que rezaba así: “Agarren a José López Por-pillo) Miguel de la Madrid y el villano preferido del siglo XX Carlos Salinas de Gortari fueron los gobiernos de las devaluaciones, la hiperinflación y los fracasos constantes. Para ejemplo, basta un botón: la inflación pasó de 4.8 en 1970 a 27.2 por ciento dos años después y alcanzó el escandaloso 159.2 por ciento en 1987. El crecimiento económico fue bastante pobre, pues subió dos puntos porcentuales: de 6.92 en 1970 a 9.15 por ciento al finalizar la década. El producto interno bruto (PIB) inicia la década con 8.72 y termina con 12.13. Y el sueldo mínimo en 12 años apenas aumentó casi siete pesos: de 26.99 a 33.86 pesos.
Desde luego todo esto se reflejó en la vida de los mexicanos. El alza cotidiana de los precios de la canasta básica, de las tarifas de los servicios, había que agregar la represión de toda manifestación contraria al gobierno, la ausencia de democracia y de caminos para la resolución civilizada de los conflictos políticos y sociales. El malestar se manifestó entonces en forma de guerrillas, de actos terroristas con pocas posibilidades de permear positivamente en la sociedad.
Cada primero de septiembre son los panegíricos interminables, el “Día del Presidente”, como llegó a conocerse este evento. Conforme pasó el tiempo, los políticos se dieron cuenta que esa fastuosidad, lejos de ser atrayente, era simplemente aberrante. Ahora los tiempos han cambiado, más no el fondo, puesto que siguen existiendo presidentes y gobernadores que presumen de austeridad y, sin embargo, es todo lo contrario. Peor aún la falta de un discurso real en el que se digan mentiras o se omitan datos que lejos de enaltecer, solo evidencian la falta de un gobierno sólido y apegado a la ley. El caso de “Pena” Nieto, es el del PRI del siglo XXI, aquel que dice ser el partido de México y el que sabe gobernar, sí claro, gobernar pero a su estilo característico y renovado. Seguimos esperando soluciones al caso de 43 desaparecidos de Ayotzinapa, Tlatlaya, una casa blanca, motines en las cárceles, desaparecidos y levantones, extorsiones y corrupción en el sistema político, asesinatos de periodistas, feminicidios, tráfico de influencias, autoritarismo, impunidad, fosas clandestinas y, en general, un territorio ensangrentado. Pero el eslogan es: “Lo bueno cuenta y queremos que siga contando”, creo que se equivocaron en la frase, pues debería ser “Lo bueno cuenta y no se cuenta, solo lo que nos cuentan”. Puros cuentos chinos, aclarando, que no es mi intención ofender a los chinos. ¿Tú les crees?… Yo tampoco.

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Edad: Sin – cuenta.
Estatura: Uno sesenta y pico.
Sexo: A veces, intenso pero seguro.
Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento “Juárez sin bronce” ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.