En la mejor película romántica a color de todos los tiempos, Gone with the wind o Lo que el viento se llevó, se registra un momento dramático que aún hace llorar a varias generaciones. La heroína, Scarlett O’ Hara, hija de migrantes irlandeses asentados en el bajo sur de Estados Unidos, recoge un puño de tierra de la destrozada hacienda Tara, y jura por todos los santos del universo que jamás les pasará otra cosa igual.
El sur esclavista había sido vencido y arrasado por el norte industrialista en aquella guerra civil que empoderó a los sirvientes de los patrones del viejo sur. Todo se había perdido. Se acababa una época de bonanza y oprobio, y empezaba la carrera colonialista de los yanquis, dispuestos a tragarse el mar en un buche de agua. La expansión imperialista destrozó a las sociedades pastoriles de inmigrados.
Hoy, que suenan otras trompetas en tierra mexicana, ya levantaron la cabeza los derrotados del primero de julio. Al interior de los viejos partidos dominantes PAN, PRI y PRD, todo es confusión y se oyen voces de justicia y venganza contra los que llevaron a la ruina a las añejas franquicias. Todos llaman a ajustar cuentas, como sucede cuando se aniquilan los carteles de la corrupción.
Los vengadores saltan por todos lados. Unos que reclaman mayores merecimientos que los otros. Cuando se dieron cuenta que ya era más que evidente el chaqueteo de los gobernadores en favor de la candidatura presidencial de Morena, a cambio de reservar algunos votos para sus favoritos, candidatos a alcaldes y diputados locales. De lo perdido, lo que aparezca.
La impunidad se pelea metro a metro, ante la inevitabilidad de la derrota como Frente PAN-PRD-MC y como Alianza PRI-Verde-Panal. Casi todos sus bastiones en las gubernaturas han preferido decantarse a tiempo por el candidato de Morena, antes que llegue la “voladora” y se lleve todo. El voto diferenciado, más que el útil, es la nueva bandera de los arrepentidos.

En el PRI llaman a los mexiquitas
“la generación de la vergüenza”

En el seno del PRI, el otrora partidazo es donde los ánimos están más encendidos que nunca. Quieren llamar a cuentas a la casta mexiquita, llamándola desde ahora “la generación de la vergüenza”. Reconstruir el PRI y arrebatárselo al grupo de Peña Nieto es la consigna.
Opina la corriente Democracia Interna, encabezada por el oaxaqueño Ulises Ruiz que es necesario reconstruir al PRI, porque Peña Nieto “se lo arrebató a la militancia y lo desprestigió con sus políticas públicas fallidas, además de cometer actos de corrupción que provocaron el rechazo del 80 por ciento de los votantes”.
Dicen que de no hacerse un cambio profundo y de acuerdo con la derrota que desde ahora se asume en el escenario, el PRI podría desaparecer en un futuro cercano. ¿Podría? ¿O desde ahora puede decirse que ya es un viejo cascarón? Pero bueno, allá cada quien, dijera doña Chole.

Priistas rebeldes prevén la derrota general, federal y local el domingo

A contracorriente de lo que opinan el candidote Meade y el lanchero Juárez Cisneros, de que ya remontaron al segundo lugar en las encuestas y están en posibilidad de pelearle el primer lugar a López Obrador, los priistas rebeldes prevén la derrota general, federal y local, en el maremoto que trae el hombre de Tepetitán.
Dicen que a partir del próximo lunes 2 de julio realizarán una movilización para modernizar al partido en este mundo globalizado, retomar las causas sociales, combatir la pobreza, la corrupción y la inseguridad. “No creemos en las vacas sagradas, fuimos una oposición servil al PAN en 12 años de gobierno y eso no puede definir lo que sigue, alertan.
No reparan en que también los culpables son ellos, que se sumaron a la línea mexiquita de Los Pinos para permitir en asamblea nacional la postulación de candidatos independientes, como Meade, que ni a melón supieron. Aún más, quieren investigar a fondo Odebrecht, la estafa maestra y el socavón. ¡Ay nanita! Ya se me cortó la leche.

 

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