México entero, salvo el 1 por ciento de la población protegida por políticos y farsantes de la cosa pública, está de júbilo. Puede comprobarse en las calles, en los pueblos más alejados del centro de la República, en el calor democrático con el que ha recibido al nuevo régimen.

El corte de caja que el presidente López Obrador acaba de ejecutar hace unas horas fue demoledor. Iniciamos un largo camino hacia la defensa de la independencia y la soberanía, hacia la conquista de la justicia y la equidad económica que debió haberse intentado hace mucho tiempo. El pueblo lo decidió y el pueblo lo exige.

No nos hagamos bolas, dijo el clásico. A lo que se le puso punto final el primero de diciembre fue al neoliberalismo corrupto y asesino. En una pieza magistral, calificada así por los corresponsales extranjeros presentes en la toma de posesión, el presidente López Obrador sentenció ocho décadas de la historia negra de México.

Él mismo sabe que la solución no es el perdón, ni el punto final al desastre del pasado reciente. Apela a la solución colectiva, porque se ha comprometido a no ir más allá de lo que el pueblo decida. Pero está obligado a no quedarse corto, a no ser simple espectador de lo que ha vivido en carne propia el pueblo de México.

El capitalismo salvaje, responsable de la masacre nacional

En la calle, el pueblo alegre celebró la llegada del que quería. Tenía mucho tiempo, tanto que no se recuerda, que ese rostro colectivo no se veía. El capitalismo salvaje, responsable de la masacre nacional, el único culpable de la miseria generalizada y de la inseguridad rampante, fue sentenciado a muerte.

En la Cámara, durante la sesión de Congreso general, las curules ocupadas por las nuevas caras, con acentuados rasgos mestizos que son el espejo del alma colectiva, de la esperanza mexicana, la decisión de juzgar a los rapaces y pendencieros ya fue tomada. No hay pasos atrás. El puño se cerró y está a punto de estrellarse.

Las cifras dantescas de asesinados por la delincuencia y el gobierno cómplices, de empobrecidos por las acciones y omisiones que han favorecido históricamente a una minoría ridícula, pasaron lista. Forman parte de un país que acaba de vivir su noche negra.

La abrumadora deuda externa contratada para caprichos de mandarines y favoritos a espaldas de la representación popular, el inexistente crecimiento de la economía, las sucesivas devaluaciones, la farsa absoluta de las reformas estructurales que han hecho de nuestro país un importador neto de petróleo crudo…

La parálisis nacional en todos los renglones y todas nuestras calamidades fueron expuestas con lujo de detalles, con abrumadora mayoría en favor de su cancelación, con gritos de esperanza y justicia. México se prepara para afrontar su futuro poniendo punto final al abuso y al nefasto entreguismo de la patria.

No robar, no mentir, no traicionar, compromiso sellado

No hay cómo ayudar a los que se van para jamás regresar, los pomposos estadistas de cartón, los elevados al altar por los inciensos de la prensa infame. El próximo 21 de marzo, existe plena seguridad, el pueblo saldrá a las urnas de la consulta cívica para pedir se enjuicie a Peña Nieto y a sus cómplices. Y la ciudadanía quiere ir más allá.

La mayor derrota del Panpriismo reinante en los años aciagos no solo es la que se consensuó en la ceremonia de toma de posesión, es la que vendrá cuando el pueblo decida por dónde quiere seguir el camino. Es una cosa juzgada. No hay remedio posible. No hay quién se chupe el dedo.

El compromiso de no robar, no mentir, no traicionar quedó sellado ante un Zócalo repleto por las poblaciones indígenas, propietarias originarias del territorio, al recibir el bastón de mando de parte del líder chontal de Tucta, municipio de Nacajuca, que hace 40 años participó con él en los programas de supervivencia.

No hay para programas sociales, ¿sí para el boato y el derroche?

Los 100 puntos comprometidos ante la representación de una decena de millones de habitantes de los pueblos originarios son apenas una respuesta efectiva a tantos siglos de opresión y sometimiento. Pero los comentócratas se oponen porque dicen que no hay dinero en los presupuestos para cumplirlos. Lo quieren todo para ellos.

Y es que, según los tecnócratas de huarache y sus paniaguados, los problemas solo se resuelven con dinero, el mismo que toda la vida le han ocultado al pueblo en sus cuentas de Gran Capitán. No hay para programas sociales, dicen, como si hubiera para el derroche y para las aventuras fantasiosas de sus patrones.

No le dicen a la gente que hay muchas bolsas de dónde sacar los recursos, las mismas bolsas que han sido protegidas por los compinches del gobiernito neoliberal y corrupto: los impuestos devueltos, los fideicomisos con dinero a punto del saqueo, la honestidad en los programas, el freno al dispendio, el acabose de los moches.

Es una masa monetaria de cientos de miles de millones de pesos que solo requiere voluntad política para aparecerla. Para un régimen sustentado en el nacionalismo democrático nada es imposible. Sobre todo, cuando el líder del sistema puede ser capaz de pasar por todas las pruebas de la honradez y la honestidad.

Los bandoleros defienden las reformas energética y educativa

Pero los nuevos “científicos” del neoporfirismo lo rechazan. Los empresarios favorecidos por el Estado escucharon “expresiones polarizantes (sic), maniqueas, retrógradas… se descartan algunas de las transformaciones más importantes del país en los últimos años, particularmente en el ámbito energético y educativo”….

Dice el impostor Gustavo de Hoyos Walther, dirigente de Coparmex, uno de los nichos de la explotación masiva. Los salinistas se reúnen a conspirar para evitar su juicio, para conservar la libertad, para seguir robando. Los foxistas y calderonistas, apanicados, no saben qué hacer, sino uncirse al cabús de los relegados.

“Nos va a ir mal, muy mal”, dice Claudio X González, el que pretendió quedarse con la educación pública después de ser privatizada.

Si somos un país polarizado es gracias a ellos. Han enfrentado a 130 contra un millón de privilegiados. México tenía que reaccionar, afortunadamente lo hace a tiempo y con la fuerza popular unificada.

Respecto a la reforma educativa y al desastre petrolero no hay más que decir. Solo se le puede ocurrir defenderlas a quienes se embarcaron en un sueño de bandoleros para saciar un hambre insaciable de riquezas turbo a nuestras costillas.

Lo que se acaba de ir no tiene retorno ni reintegro.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto –a excepción de Ernesto Zedillo y Vicente Fox– la ausencia de legitimidad en los “triunfos” electorales de los mandarines provocó que los gobiernos estadounidenses chantajearan a los nuestros.

Te reconocemos, sí, pero a cambio firmas el TLCAN, privatizas los ferrocarriles, te encargas de la guerra contra los narcos, firmas reformas que favorezcan al imperio, etcétera. La legitimidad de AMLO cambia drásticamente el panorama. Por tal, el canciller Marcelo Ebrard acude a Washington y propone un plan de desarrollo integral para la región que incluya a Centroamérica y allá lo ven con buenos ojos. Por eso Donald Trump vuelve a felicitar al presidente López Obrador y dice que va a trabajar con él los próximos años.

Esta columna completa puede consultarse en la página de este diario www.elindependientedehidalgo.com.mx

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