La sabiduría popular, más lo que nos enseña la tele, hacen de nosotros unos verdaderos adivinos, de esos que en la Grecia antigua les llamaban augures.

No es para tanto, pero sí, con solo haber vivido una parte de la “época de oro” de priistas y panistas, basta para entender que no bastaría una derrota electoral, (por apabullante que esta fuera) para que ellos, los prianistas, pero principalmente los beneficiarios directos del saqueo a nuestra patria, se dieran por vencidos.

¿Cómo se van a quedar con los brazos cruzados si existen muuuuuchos robos que los diseñaron para décadas siguientes? ¿Cómo no defender la posición de súper privilegio que la mayoría de ellos tenían y que nacieron en ella? Lo que nunca pasó por su mente es que algún día la sociedad, por cierto en exceso benevolente, los echaría de la forma en que ellos no se merecían. Creo que ahí está una gran parte del problema. Los votos para superar una dictadura disfrazada no son siempre la mejor vía, pues las raíces y resabios quedan, solo esperando que la sociedad buena se adormezca de nuevo para resurgir.

¿En lugar de votos, violencia? ¡Tampoco! Creo que lo que se necesita, para el caso específico de México, es la mezcla de votos con la aplicación serena y justa de la ley en todo aquel que se le compruebe la ilegalidad de su actuar, en lo que hizo y en lo que tiene acumulado durante el tiempo en que “sirvió a la nación”, ya sea como gobernante o como empleado público o como empresario. O como la mezcla de estos tres estatus. Pues para construir fraudes y robos, tuvieron una imaginación diabólica.

No actuar legalmente, ¡ya! Contra aquellos que están exhibidos y demostrada su ilegal actividad, implica el permanente riesgo de dejar crecer las versiones que ellos siembran, y, si recordamos que nuestra conducta como sociedad tiene aún muchos de los ingredientes que nos dieron a abrevar durante casi 100 años, pues caemos en el garlito y de nuevo votamos por ellos. Por los malosos.

Desarticular la mafia de arriba implica, primero, desbaratar sus muchos negocios que construyeron con la sangre de este país. Sangre humana y de la naturaleza. Por ejemplo, publican videos ofensivos sobre el tema del sargazo allá, en una parte del Caribe. Solo abordan el tema, pensando y diciendo hipócritamente que el alga marina hizo su arribo a las playas en el momento que ¡votamos por Obrador! No mencionan que en los últimos 10 años esa alga fue usada como pretexto para darles más dinero a los empresarios hoteleros, quienes de por sí, ya metidos en el paraíso encontrado, en que sus socios desde dentro del gobierno les entregan todo: playas, permisos para giros más allá del color negro, dinero para reconstruir sus bienes cuando son dañados por los ciclones y tormentas, infraestructura con la que ellos lucran, créditos y financiamiento. En fin, todo lo que pedía esta mezcla de empresarios con políticos, los gobiernos fallidos que ya se fueron, se los daban. Con sobradas razones hoy hablan y dicen. Y lo peor, que algunos les creen.

La campaña mediática contra Obrador es fácil de entender y saber de dónde viene. Y también para dónde va. Lo que a veces no entendemos los que estamos en favor de que México cambie de fondo y forma es por qué Obrador se tarda tanto en aplicar la ley a los delincuentes nacionales e internacionales. Yo me ofrezco para servir de custodio, y de gratis, en las celdas que guarden, por ejemplo, a Jesús Murillo ¡y evitar que se escapen!

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