Son muchas y benéficas las posibilidades que trajo el derrumbe del pasado primero de julio del viejo y corrupto sistema político mexicano.

Por ejemplo, muchos estamos con la idea de que la nueva arquitectura de las próximas políticas públicas tengan como horcón central la planeación participativa. Sí, que retomemos al viejo Sistema Nacional de Planeación Democrática para revivir a las asambleas de análisis y reflexión en cada comunidad, barrio o colonia en las que se decida que bien o servicio se gestionará por la vía de los Coplades.

Los Cocoplas, Copladem, Coplader y el estatal Coplade, que por cierto, durante las últimas décadas los han sometido a una terrible simulación desde los gobiernos estatales, pues lo que importa es tapar los hoyos financieros dejados por los antecesores, lo cual es replicado en el nivel municipal.

Reasignar presupuesto a obras inconclusas, modificar presupuestos y todo el expediente técnico para “acomodarlo” a su gusto y voracidad… Reprogramar obras ya pagadas sin que nadie proteste, obligar a los alcaldes a asignar dineros de su pobre y raquítico presupuesto para liberar a sus constructoras favoritas. Y que lo caído, ¡ya nadie se los dispute!
Sobreprecios, volúmenes ficticios, materiales inexistentes, estimaciones de volumen de obra falsas, ninguna bitácora, ni física, menos electrónica, cero participación de los beneficiarios, ni en trabajo, menos en seguimiento, o cuando mucho los corrompen con algún obsequio para asegurar su firma al final.

Todo eso da como resultado obras muy, pero muy corrientes, que duran dos o tres años cuando mucho, con todos los vicios ocultos que pueda uno imaginar. Y como las fianzas depositadas para cubrir esos daños nunca se hacen efectivas por ser constructoras de sus cuates o de los mismos de adentro, solo con presta nombres.

Toda esa película se vive a diario en el territorio nacional y en los municipios de Lolotla, Tepehuacán y Chapulhuacán con especial énfasis.

La CDI de la senadora de minoría Nuvia o Nubia Mayorga, aliada a su jefe político de muchos años, hicieron su vil antojo en dos carreteras de gran necesidad para comunidades de histórico abandono… Pensó esa seño que nadie protestaría, pues tiene de alcaldes a sumisos y priistas… Pero le brincó la liebre, pues se desató la furia y que sin duda le llegará a los aparejos, pues son ya muchos los que andan tras las evidencias técnicas y políticas de su traición y robo a los indígenas. Y como existe el serio compromiso del presidente Obrador de castigar a los corruptos, pues ¡ahí está la esperanza del cambio verdadero!

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