Ayer cerraron campaña las más de 600 planillas que compiten por las 84 alcaldías hidalguenses. Con plazas públicas atestadas de ciudadanía noble, el cinismo de nuestros políticos se impuso. En la Sierra, Huasteca, el Mezquital, la Comarca y por todas las regiones del estado, las y los aspirantes no tuvieron piedad de los riesgos que implica reunir a miles de personas en un solo sitio, sin sana distancia. La irresponsabilidad recalcitrante de los partidos políticos no tiene límites. Ayer Hidalgo acumuló 14 mil 194 casos del coronavirus (Covid-19) y 15 nuevas defunciones. ¿Lo sabrán? ¿Tendrán claro lo que ello significa? Tal parece que la preocupación social de los aspirantes solo existe en el discurso. Los acarreos que vimos ayer son un insulto claro contra quienes heroicamente han combatido la pandemia en los hospitales, contra aquellos que han perdido un ser querido a consecuencia del coronavirus, contra los que no tienen qué comer porque ha perdido sus trabajos en esta crisis sanitaria… No existe conciencia social. Lo único que hay es voracidad electoral y si para ganar esta campaña hay que pasar por encima de la salud, nuestros candidatos y candidatas no dudarán en hacerlo. Por otro lado, la sociedad también tiene un grado de responsabilidad en lo que derive de los tumultuosos mítines que observamos ayer. Ahora viene a la memoria aquella frase El pueblo tiene a los gobernantes que merece ¿será este el caso? De filón. La invisibilidad de los indígenas sigue vigente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación enmienda la plana al congreso del estado al invalidar la Ley de Derechos y Cultura Indígena para Hidalgo al considerar que no se cumplió con el requisito de consultar a ese sector de la población.

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