El 25 de agosto se cumplirá un año más de la muerte del filósofo maldito. Las tribulaciones que ahora vivimos en el mundo actual como continuación del pasado, evidentemente con sus propias peculiaridades, y en particular la relación que tenemos con el vecino del norte, bien vale la pena ocuparnos de su herencia filosófica. Quien antes de separarse totalmente del mundo sensible, edificó todo un cuerpo de ideas de las que preguntaba en una carta a Gersdorff: “¿Son mis escritos tan oscuros e incompresibles?” (http://www.libros.unam.mx/digital/V9/10.pdf).

“… Yo pensaba que cuando uno hablaba de la angustia, aquellos que sienten angustia entenderían. Ello es también verdad: más ¿dónde están aquellos que sienten la angustia” (http://www.libros.unam.mx/digital/V9/10.pdf).

“Después de la abdicación del antiguo Dios reinaré yo”, fue una de las expresiones que dirigió Nietzsche a uno de sus amigos más cercanos y que en cierta medida anunciaba el debilitamiento de una de las mentes más brillantes que dio la filosofía del siglo XIX. Todavía se encuentran en esa frase los resabios de la altivez del “filósofo de los fuertes” como lo expone Paulina Rivero, quien cita a Chamberlain y su texto dedicado a la vida de Nietzsche en la ciudad de Turín, donde las calles se pierden en los bosques y en donde el filósofo en cuestión vivió sus últimos días de lucidez plena (en: http://ru.ffyl.unam.mx/bitstream/handle/10391/2415/07_Theoria_10_2000_Rivero_107-116.pdf?sequence=1&isAllowed=y).

Aquí hacemos referencia al Nietzsche cuya memoria, o mejor dicho, impulsos interiores instintivos de un “loco” (no en el sentido patológico) cedían lentamente a lo que se ha llamado locura clínica, a una patología, de acuerdo a Rivero Weber. Y es que el filósofo Röcken (Alemania) en su infancia era un profundo admirador de Dios, debido a las creencias familiares. Sus padres profesaban el luteranismo, corriente religiosa que impulsó una ruptura con la Iglesia cristiana. Su padre era pastor de una iglesia en ese mismo pueblo.

Y ¿quién era ese antiguo Dios que abdicó a su reinado y de qué reinado estamos hablando? Primero, es una metáfora. Se trata, como dice Fernando Vergara (en: http://www.redalyc.org/html/310/31053180002/), de la pérdida de la unidad otorgada por una autoridad suprasensible. Figura mística que determinaba la vida de lo visible e invisible, la oscuridad y la luz, la vida y la muerte. La muerte de Dios es el Dios judeo-cristiano y el reino no es otro que el cosmos que configuraba la vida y las creencias acerca de ese mundo.

Y “nosotros le hemos dado muerte”, y lo más complicado, ¿cómo salir de esa culpa, del pecado de haberle dado muerte a Dios?, decía Nietzsche, aunque su sombra nos acompaña. En ese sentido, la muerte de Dios conduce a la angustia y la soledad, pues ahora: ¿Quién será el que sustituya al antiguo orden celestial? Apareció uno: el triunfo del saber científico sobre el saber medieval de tipo teológico, la superación del alma por la razón o racionalidad cartesiana, así como el progreso como superación del aislamiento y el atraso (en: http://www.redalyc.org/html/310/31053180002/).

De acuerdo con Rebeca Maldonado (en: u.ffyl.unam.mx/bitstream/handle/10391/2416/08__Theoria_10_2000_Maldonado_117-126.pdf?sequence=1&isAllowed=y), existen dos momentos en la obra nietzscheana para construir una historia de la crueldad. Se trata de una época en la que se sancionaba con sangre la falta cometida y que implicaba como castigo la pérdida de una mano, la mujer o la vida. Dice la autora que en esta época en la que se sancionaba las faltas de esa manera, ese mismo orden normativo impedía la existencia de cualquier tipo de sentimiento de culpa. Valores y normas creados por quienes a su vez sancionaban las faltas cometidas.

El segundo momento, apunta Maldonado sobre el rescate de la crueldad en la obra de Nietzsche, viene de la mano de la interiorización del sufrimiento por parte de los seres humanos, que coincide con la aparición y posterior consolidación del cristianismo. El ser humano al interiorizar la culpa convirtió al cuerpo en una “cámara de torturas”. Se convierte a los seres humanos en seres sufrientes, subraya Rebeca Maldonado, que se “regodea en el fracaso, la atrofia, el dolor, que ve en su decadencia virtud y, en la decadencia el camino de ascensión a los cielos…” No es otra cosa que el cegamiento de cualquier fuerza.

Existe a mi parecer un tercer momento de la fase que se corresponde con la crueldad, que tiene una misma matriz filosófica, pero que se gesta en otro momento, con otros autores, que tienen en la obra de Nietzsche a su principal fuente de inspiración. Se trata de la necropolítica, término acuñado por Achille Mbembe. Se puede hacer una doble lectura de esa propuesta. La primera, como la entiende ese autor, como una estrategia de arrasamiento de las naciones consideradas bajo la oposición amigo-enemigo de tipo schmittiano, como ocurre con los palestinos o algunas naciones africanas. La segunda, se corresponde con las guerras tecno-comerciales de ahora, que incluye a naciones y regiones enteras.

Aparentemente, las guerras comerciales se dirimirán en el ámbito de la tecnología, dice Jalife (La Jornada: 09/06/19). Parcialmente tiene razón. Pero la otra parte se resuelve en el ámbito de la crueldad. La narrativa de la potencia comercial se constituye en un medio de sometimiento del vecino. Los angustiados por los que se pregunta Nietzsche y a quienes van dirigidos sus escritos no aparecen. Han interiorizado que existe una nación cuya potencia puede alterar, y de verdad eso ya ocurre y profundizarse más sin muros ni medidas arancelarias. Trump suprime el sentimiento de culpa.

Hace falta el resucitado… el hombre y la mujer que tiran los dados sin malicia.

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