Lograr el cambio es un milagro.- Carlos Aguiar

238
Carlos Aguiar

Miguel de la Vega/ Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 24-Mar-2018 .-El cardenal Carlos Aguiar llegó desde el otro extremo de la fe a sustituir a Norberto Rivera en la Arquidiócesis de México: no juega golf, busca una Iglesia con sentido social y quiere que sean los sacerdotes los que vayan a la gente.

 

¿Qué pecado cometió para que lo mandaran a la Arquidiócesis de la Ciudad de México?

Realmente es un gran desafío, una responsabilidad que desborda a cualquiera. Considero que el Papa me pidió venir por la experiencia que llevo ya de casi 21 años de obispo, siempre aquí en el entorno.

 

Tiene fama de tender puentes y juntar a ángeles y demonios, ¿ésa es su fortaleza?

Nadie es un demonio y nadie es ángel, todos tenemos nuestros pros y nuestros contras. Cuando uno encuentra a las personas adecuadas para la colaboración, las cosas van sobre ruedas. Finalmente, cuando no buscamos el bien individual, sino que miramos hacia afuera de nosotros, encontramos la colaboración.

 

¿Cuál es el principal reto para la Arquidiócesis en los años que vienen?

Articular mejor los esfuerzos que están presentes, pero están de alguna manera aislados.

 

¿Qué tipo de esfuerzos?

Esfuerzos pastorales; es decir, actividades que tiene la Iglesia en favor de la sociedad, pero que están prácticamente cada uno por su camino. Lo que estamos haciendo es un replanteamiento de las estructuras y de las instancias que hay en la Arquidiócesis para ver cómo las vinculamos y hacemos sinergia.

 

Con esto de articular los esfuerzos, ¿está reconociendo que hubo un alejamiento de la Iglesia de la sociedad?

No alejamiento, sino “no sinergia”. Hay cosas muy valiosas que se han hecho aquí, pero cuando se tira una gotita de agua en el océano es insignificante, aunque sea un agua pura. En esta gran urbe, lo que hagamos entre 3, 4, 10, 50 personas pasará desapercibido, aunque sean cosas muy buenas. Pero si las damos a conocer y las ponemos en comunicación con otras semejantes, sucede lo mismo que con el agua: se forma un cauce que se convierte en arroyo y después en río. Así son los dinamismos sociales.

 

Tras el sismo, la Iglesia Católica prácticamente no figuró, no la vimos, ¿a eso se refiere?

Bueno, si por Iglesia Católica se refiere usted a quienes somos los ministros, y no a todos los fieles que son los católicos, sí hubo casos, quizá aislados, de presencia de algunos ministros en los sismos, pero no fue significativa.

 

El elefante en la sala es Norberto Rivera. ¿El derecho canónico prevé auditar su gestión o es borrón y cuenta nueva?

Es una auditoría que se realiza, pero a nivel de las instancias, no es personal: qué recibo, qué me deja…

 

¿No le preocupa cargar con pecados de otro?

Pues, como no son míos, no tengo que rendir cuenta a Dios más que desde donde yo comienzo.

 

¿Qué castigo merece alguien que abusa de un menor?

Es uno de los delitos más graves y hay que penalizarlo y, en caso de ministros de Iglesia, además dejan de ser sacerdotes. Y en la parte de la justicia civil siempre debemos colaborar.

 

Usted llegó marcando la diferencia al decretar la tolerancia cero para los pederastas.

Siempre he estado convencido de eso y lo tengo que seguir estando.

 

El esquema del que hablaba, como de tejer una red social, no suena al discurso tradicional de la Arquidiócesis…

Yo vengo del Concilio Vaticano II y estoy convencido de que la Iglesia necesita siempre tener expresión comunitaria. De lo contrario, pasa a ser una institución sin influencia en la sociedad.

¿Cómo puede seguir vigente la Iglesia Católica si cada día pierde más fieles?

En Tlalnepantla, después de casi tres años de preparación, hicimos todo un movimiento para reencontrarnos con la gente en sus barrios, sus colonias. Le llamamos el proceso misionero y se hizo para formar pequeñas comunidades. Al dejar esa diócesis habíamos logrado crear mil 500 pequeñas comunidades, de entre 15 y 18 personas cada una.

 

¿Cómo lo logró?

Lo más difícil fue cambiar la mentalidad del sacerdote, que está formado para recibir a la gente que le pide servicios y, como dice el Papa, estamos esperando que vengan a pedir las cosas. El cambio de mentalidad consiste en que tenemos que ir a donde la gente está y ofrecer desde lo que la gente dice que necesita.

 

¿Por qué nos hemos alejado de Dios?

Hablar de alejamiento de Dios es casi pensar que se dejó de creer en Dios. Es simplemente que la gente lleva un ritmo de vida estresante. Por ejemplo, millones de personas tienen que viajar dos o cuatro horas al día para ir de sus casas a sus trabajos y de regreso. Eso le deja poco tiempo para su reflexión, su ser.

 

¿Y qué pueden hacer ustedes?

Tenemos que encontrar una manera de apoyar a esta gente que no tiene el tiempo y que, por lo mismo, se enfría su relación con Dios y su relación con la Iglesia.

 

¿Podrían meterse más a redes sociales?

Claro que sí, lo vamos a hacer.

 

¿Veremos misas en Facebook Live?

Yo creo que sí y esperamos que pronto.

 

¿Cómo se puede amar a Dios y al prójimo en un México como el que vivimos, tan violento?

¡Ésta es la mayor oportunidad! Curiosamente, cuando abunda el mal es cuando más se mueve la inquietud del ser humano, porque está hecho para el bien.

 

¿De verdad cree eso todavía?

Sí, está hecho para el bien y cuando se toca… Mire: una vez en Tlalnepantla llevamos a cabo un encuentro con víctimas de la violencia. Eran como 300 personas, se me acercó una y me dijo: “yo no soy víctima, soy victimario, pero con lo que usted ha dicho, no quiero seguirlo siendo. Había venido para informar a mis jefes de lo que usted dijera, pero ya no”.

 

¿Cómo puede ayudar la Iglesia a reducir la violencia?

Tocando el corazón del hombre, tiene que tocar el corazón, que le mueve a sentimientos naturales de bondad y generosidad.

 

¿Quiénes son los apóstoles de la actualidad?

Aquellos que con su vida testimonian que es posible apostarle al bien.

 

¿Y el último milagro que usted presenció?

Hay varios. En el ámbito eclesial, he visto la transformación de los sacerdotes en la medida en que uno se compromete con ellos. Ese cambio de mentalidad se da, y es un milagro, porque no hay cosa más estacionaria que nuestro sistema de interpretar la realidad.

 

¿Es difícil cambiar?

Lograr el cambio es un milagro.

 

¿Qué cita bíblica debe aprenderse el nuevo Presidente de México?

Que Dios es amor y que el amor se concreta en ayuda y beneficio a la necesidad de los demás.

 

¿A quién apoyará la Iglesia en este proceso electoral?

A todos los candidatos, para que ellos expresen cómo piensan de verdad.

 

¿Cuál es nuestro pecado como mexicanos?

Que somos muy solidarios ante la tragedia y no hemos aprendido a ser solidarios en la cotidianidad.

 

¿A qué santo deben encomendarse los electores en México?

La mejor opción es nuestra madre de Guadalupe.

 

¿Qué le podemos pedir?

Que nos ayude a construir el tejido social que tanto necesitamos, ella que quiso precisamente eso y para eso vino.

 

¿Cuál es su mayor pecado?

Creer en los demás y dejarles su campo de acción. La mayoría de las veces, responde. Y en otras… tenemos que tener paciencia.

 

¿Juega golf?

No, no sé jugar golf.

 

¿Qué modelo de Mercedes Benz maneja?

Tampoco, nunca he tenido uno.

 

Entonces, ¿qué clase de cardenal va a ser?

El que está con la gente. Si uno va a todos los niveles de la sociedad, a todos los estratos, uno es muy bien recibido y puede generar muchas sinergias en esa relación con los otros.

 

¿Lo veremos acercarse a la gente, en el Metro o en los barrios?

Me verán allí donde sea necesario estar, físicamente o digitalmente.

 

¿Cuál quiere que sea su epitafio?

“Sirvió”.

 

Cinco datos

  1. Se formó como jesuita al estudiar Teología en el Seminario de Montezuma, en Nuevo México.
  2. Además de español, habla italiano, inglés, francés y alemán.
  3. Fue parte del equipo que preparó la edición de la Biblia de América.
  4. Fue secretario general y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
  5. En 2016, fue designado cardenal por el Papa Francisco.

Comentarios