Tomás Serrano

Los indígenas mexicanos han sido uno de los sectores menos favorecidos por las políticas públicas, lo que ha generado enorme asimetría entre las condiciones de vida de la población. Para ellos, el acceso a los servicios de educación, justicia y salud han sido muy paupérrimos, lo que repercute negativamente en su desarrollo y calidad de vida.

Según datos oficiales, sintetizados a través del Índice de Desarrollo Humano, de los tres componentes que lo integran el menos peor es el de salud, no obstante, es más difícil de intervenir que su complemento educativo, y al final, es justificable que aparezca en último orden de importancia la calidad de vida, medida económica sumamente compleja de intervenir.

En referencia al tema educativo, a nivel municipal, en 2010 en Hidalgo los alumnos indígenas y no indígenas mexicanos mantenían una brecha educativa insalvable, en la cual indudablemente influyen factores socioeconómicos del alumno y su familia, los recursos escolares, la relevancia cultural del modelo educativo, la discriminación a nivel escolar y la homogeneización del español en la aplicación de las pruebas nacionales. Ese atraso da como resultado que los estudiantes de los niveles sociales más bajos no alcancen a adquirir los conocimientos mínimos que les permitan acceder a mejores oportunidades. La persistencia de la brecha escolar tiene que ver con la procedencia de lugares menos favorecidos, ampliando la inequidad respecto a la población con niveles sociales más altos.

A principios de la década de 1990 del siglo pasado, la educación básica en general emergió con vitalidad visualizada por su mala calidad, proponiéndose desde entonces un diagnóstico catastrófico en el que México se consideró un país de reprobados (Fuentes, 1989; Guevara, 1992), o en el mejor de los casos, se describió al sistema escolar mexicano en transición sujeto a una camisa de fuerza de parte del sindicato oficial de maestros, actor que ha impuesto sus intereses por medio de la corrupción (Ornelas, 1995). Como se puede ver, el caso educativo mexicano es un fenómeno muy reciente, creciente, altamente desigual y con niveles de concentración de la educación posbásica en los estratos superiores de ingreso y el abandono de la trayectoria escolar en los estratos sociales más bajos (Teresa Bracho, 2002).

Con el uso de la función de distribución normal, para medir el logro educativo es posible clasificarlo en tres tipos: en la cola positiva se define de superior, en la negativa de inferior y en él área central de normal al promedio. En específico, a continuación referiré el logro educativo, según sea el municipio de residencia.

Los municipios indígenas con logro educativo vergonzoso son: La Misión, Tlahuiltepa, Pisaflores, Pacula, Tenango de Doria, Xochicoatlán, Chapulhuacán, Acatlán, Agua Blanca, Eloxochitlán, Calnali, Tepehuacán, Yahualica, Huehuetla, San Bartolo Tutotepec, Xochiatipan, Acaxochitlán, San Felipe Orizatlán, Tianguistengo, Huazalingo y Jaltocán.
Tal condición no influyó para que Ixmiquilpan, Tasquillo y San Salvador (municipios indígenas) se ubicaran en un top de la educación en el estado de Hidalgo con niveles similares en los de Mineral de la Reforma, Pachuca, Tepeapulco, Tlanalapa, Actopan, Mineral del Monte, Tula, Atotonilco de Tula, Tizayuca, Atitalaquia, Progreso, Tulancingo, Mixquiahuala, Tlaxcoapan, Emiliano Zapata y Epazoyucan. Tal resultado se debe a las generaciones indígenas de tales municipios que han construido su futuro a través de la educación.

Los resultados muestran también las divisiones políticas que no tienen avances ni retrocesos significativos en el logro educativo. Entre los indígenas resaltan Cardonal, Huehuetla, Santiago de Anaya, Chilcuautla, Atlapexco, Huautla, Tlanchinol y Nicolás Flores. En los no indígenas se incluyen a San Agustín Tlaxiaca, Santiago Tulantepec, Zempoala, Tlahuelilpan, Tepeji del Río, Tolcayuca, Zapotlán, Apan, Huichapan, Tezontepec de Aldama, Villa de Tezontepec, Molango, Zimapán, Zacualtipán, San Agustín Metzquititlán, Tepetitlán, Atotonilco el Grande, Ajacuba, Tetepango, Arenal, Nopala, Almoloya, Alfajayucan, Chapantongo, Huasca, Singuilucan, Jacala, Metepec, Cuautepec, Metztitlán, Tecozautla, Omitlán, Mineral del Chico, Juárez y Lolotla.

Los datos provienen del Programa de las naciones unidas para el desarrollo, (PNUD, 2010) y de la Comisión Nacional para el Desarrollo (CDI, 2010).

El Índice de Desarrollo Humano es una medida resumen de las dimensiones de salud, educación y niveles de vida elaborado con base en la información censal de 2010. El Índice de Salud considera protección de salud (seguro), número de personas por dormitorio, tipo de acceso al agua y saneamiento y tipo de piso en la vivienda. El componente educativo incluye la esperanza educativa en niños y la escolaridad alcanzada por adultos mayores de 25 años. El nivel de vida agrega el ingreso laboral y no laboral familiar, ajustado a precios internacionales (en dólares PPA per cápita).

La información de la CDI de 2010 considera municipios indígenas cuando el 40 por ciento y más de la población tenía esa condición. En ese caso, si un integrante del hogar declaró hablar lengua indígena, todos los demás se contaron en dicha característica.

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