Nuevamente se habla de cuantas y tantas barreras, peros y demás excusas les fueron impuestas a las mujeres a través del tiempo, con la única intención de no permitirles su libertad. La forma en que vieron siempre al género femenino fue con demasiada inferioridad en comparación con el hombre. Han sido fuertes y muchas las luchas a las que se enfrentaron para que pudieran ser aceptadas y ser partícipes en la sociedad, ser vistas como ciudadanas y ocupar un espacio en el que seguramente ni siquiera paso por su mente estar ahí.

Si ser ciudadanas fue por la constante lucha, ahora imaginemos en otros espacios, esos son aún más fuertes, en un mundo que impide a las mujeres su realización y poner todo el potencial que tienen, en actividades que siempre se pensó que fueron exclusivas para los varones, pero no todo se queda estático ni para siempre, porque surgen esas mujeres pioneras que rompen el esquema y allanan el camino para las que siguen.

El cine es uno de los tantos espacios que la mujer tomó, aun cuando todavía en la actualidad es difícil incursionar en él y lograr el éxito, no es reconocida totalmente a una mujer cuando de actuar o dirigir películas se trata. Pero gracias a muchas de ellas se ha transformado el cine y una perspectiva distinta de él. Las mujeres a través del séptimo arte han expresado su sentir, su imaginar y su pensar; han demostrado que pueden ser partícipes de cada proyecto e incluso, convertido en parte esencial de ese. En un día como hoy recordemos a una gran mujer, mujer que luchó por sus sueños, y por abrir la brecha a muchas otras mujeres, para que también cambien la historia del cine; por poner ese toque femenino a lo que se reproducía como arte, sea ese un cambio de casi todo.

Lois Weber, bella mujer que vivió como actriz al uso del cine primitivo, a caballo entre dos eras, dócil y manipulada, que llegó a convertirse en directora poderosa, guionista y actriz estrella. Enérgica y fuerte en temas polémicos, una especie de ambivalencia de lo que presenta el cine y lo que realmente hay tras su industria. Nacida en Pittsburgh en el seno de una devota familia cristiana de clase media. Sus padres se percataron de que era una niña prodigio y terminó revelándose como una magnífica pianista. Abandonó su hogar familiar y vivió en total pobreza, porque se dedicó a evangelizar por las calles de Nueva York y en su ciudad natal y, como activista social por pertenecer a los Church Army Workers, cantando himnos y tocando el órgano en las misiones de salvación hasta que dicho grupo se disolvió en 1900, experiencia que le dejó huella, notable en su cine. (Sánchez, 2018).

Después de su vivencia regresó a casa y estudió música, en 1903 logró ser una gran soprano y concertista de piano, dejando de ser eso último cuando una tecla rota la irritó y trajo consigo su final en los recitales. Decidió entrar al mundo del espectáculo, teniendo en mente el proselitismo religioso.

Con 24 años, Weber se unió a una compañía teatral itinerante dirigida por Wendell Phillips Smalley, hombre con edad cercana a los cuarenta, estudió derecho en Harvard y ejerció durante siete años en Nueva York, pero encontró su vocación en el teatro. Además era el primer actor de la compañía, ella se enamoró y se casó con él. Smalley codirigió a Lois en un buen número de sus películas. Poco tiempo después ella consiguió entrar a trabajar a la productora Goumont y para 1912, se hizo cargo de la productora cinematográfica Rex, la que se convirtió en escuela de cine de Lois.

Según el portal de Internet Mujeres Bacanas (2019) “Ella era la encargada de los guiones, vestuario y decorados, dirección y montaje, mientras que Wendell hacía de productor y asistente de dirección. En sus filmes tocaba temas como el aborto o el control de natalidad (Where are my children?), la pena de muerte (The people vs. John Doe), el alcoholismo y la drogadicción (Hop, the devil’s Brew). La perspectiva de los acontecimientos siempre estuvo marcada por las emociones y los temores”

En 1917, ya tenía su casa productora, con el nombre de Lois Weber Productions, la que le permitió hacer negocios con empresas como Universal, sin embargo, el cine comenzó a transformarse en una industria donde las mujeres de nuevo ya no tenían tanto auge y los hombres comenzaron a tomar papeles importantes. A pesar de eso, iba bien, hasta que desafortunadamente en 1922 ella y Smalley se divorciaron después de casi dos décadas de matrimonio. Con eso se vino el declive de la carrera de Lois, muchos incluso, aseguran que esa relación solo fue por asuntos de negocios y, tan pronto se divorciaron, termino ella su carrera.

Es importante retomar que “La presencia femenina en el cine se reduce a la interpretación y al brillo de la femme fatale que habría de marcar el cine hasta bien entrada la década de los 50. Tampoco hay que descartar que la temática de las películas de Weber, con sus dilemas morales y sus tramas cotidianas, empezaban a aburrir al público, quien exigía más espectáculo y fantasía. Sea como fuere, la que había sido directora mejor pagada de Hollywood comenzó a desaparecer de la escena” (Sánchez, 2018).

Sus últimos años los pasó corrigiendo y revisando guiones para el Universal, y fue hasta principios del siglo XXI cuando comenzaron a reconocerla como la mujer mejor pagada de Hollywood por sus actuaciones en el cine que se ignoró por varios años. Lois se reflejaba en las películas como una mujer de carácter, inteligente y luchadora que debía enfrentarse al papel que le otorgaba la estructura social patriarcal y las costumbres sexuales de la época. Su contribución a la historia del cine, le significó una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood (Mujeres Bacanas, 2019) Esa bella mujer murió el 13 de noviembre de 1939 en Hollywood por una enfermedad gástrica. Al igual que otras mujeres, de ella no se saben los nombres de sus padres y familia. Olvidada como tantas otras más.

“Como yo estaba convencida de la profesión teatral necesitaba una misionera, mi tío sugirió que la mejor manera de llegar a ellos era que me convirtiese en uno de ellos, así que fui a los escenarios llena de un gran deseo de convertir a mi prójimo”

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