Franz Kafka, El castillo;
Tangerine Dream, Franz Kafka The Castle

Hoy, “kafkiano” es un término ampliamente difundido para describir entornos y situaciones de suyo absurdos, cual si con ello se deslizara una porción de irrealidad en el seno de lo cotidiano. Pero sin que medie una explicación del porqué, Kafka deliró en carne propia con los sinsentidos de las organizaciones burocráticas, de las que no solo vivió como un empleado más.
El castillo —por si sola una de las pesadillas del autor— lo llevó a encarnar en la mole granítica la expresión opuesta de aquello que para permitir la existencia de una sociedad sana, funcional, también debería crear una suerte cáncer tumefacto en la que aparecieran depositadas todas las aberraciones que hacen de la humanidad su más claro representante, aunque no se les reconozca como tales.
Incluso hoy, Kafka es uno de los autores aborrecidos por la realidad sobre el funcional de la oficina y todo lo que se supone debe integrarse al crecimiento de las civilizaciones. Sin embargo, en Otras inquisiciones, Borges hace ver al autor de La metamorfosis y Carta al padre como uno de los escritores menos originales y probablemente menos confusos de lo que la misma historia haya hecho ver.
Según el argentino, antes de Kafka, con ideas más o menos similares, la paradoja de Zenón, Kierkagaard, Browning y Dunsany, ya daban más o menos las mismas referencias que Kafka, pero en lugar de aparecer dispersas en el conjunto de una obra, es en las letras del checo donde aparecen cristalizadas como constantes, ya sea por sentido del humor de Borges o la aspiración de un oficinista para volverse escritor.
Lo interesante es que el tono de una moral que parece desencajada de la percepción del tiempo, así como de lo que podría resultar justo para el colectivo, tal y como se ofrece a una humanidad indolente a las consecuencias, además de ser muy propia de Kafka, otro tanto le sucede con una dualidad ensanchada de lo que representa un universo maniqueísta, donde lo perverso, ambiguo e impenetrable que sería propio de la existencia dualista de Infierno y Paraíso, también está presente en toda la literatura de Kafka.
Su gran ironía consistiría en que desde su visión, jamás se conoce la identidad de una y otra caras de lo que ocurre, sin importar las penurias del héroe de cada uno de sus relatos.
En la actualidad, solo tres autores parecen haber alcanzado una representación de aquello en que la sociedad se ha convertido, a fuerza del grado de imposibilidad que subyace a cada una de sus narraciones: Huxley, Kafka y Orwell.
Pero es justo en ese renglón donde comienza a deslizarse el sentido. Por una parte cada uno de los tres autores apuntó hacia lo inconcebible, al menos como proyección de lo que alcanzaban a interpretar. Por otro lado, Proust, Eliot, Pessoa, Joyce, sin enfocar a un aspecto solo, devuelven una visión de conjunto más amplia de lo humano, en momentos más o menos análogos a los de los otros.
Justo en la línea de una ambición que buscó abarcar tanto como estuviese a su alcance, Tangerine Dream, que en otro momento se transformó de precursor de un sonido, en creador de acompañamientos para música cinematográfica, hasta verse disuelto por una creciente competencia contra el beat de la música house, trance, entre otros, se apartó de la escena musical de una forma tal que apenas podría creerse continúa trabajando.
Primero en 2011 con una adaptación del Finnegan’s Wake de James Joyce y dos años más tarde con Franz Kafka The Castle, Tangerine Dream se apartó de sus propias convenciones e intentó trabajar con versiones relativamente más abstractas que las de sus trabajos anteriores, aunque con una organización más narrativa a partir de los trabajos literarios.
En el caso de Kafka, el paralelo que se tiende sobre El castillo, sigue la experiencia de un tipo de narrador que cumple con dos papeles, por una parte la del escritor que ya tiene resuelta la narración, pero por la otra, la de un hipotético lector a quien se le auxilia con un apoyo musical, en medio de un entorno hostil, en el que se ha desplazado toda necesidad de un carácter afectivo que trascienda en la obra.
Quizás no se trate de uno de los discos prototípicos de Tangerine Dream, pero asoma desde hace tiempo una dirección en la que el grupo ha caminado desde hace algunos años.

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