Mi vida en la maleza de los fantasmas de Amos Tutuola
My life in the bush of the ghosts, Brian Eno/David Byrne

A fines de la década de 1970, durante un periodo de auge en la industria editorial europea y con ánimos de ampliar la mirada occidental respecto a la diversidad de la producción novelística en el mundo, apareció una pequeña novela de un autor africano cuya producción ya era familiar en el mercado literario, pero su alcance y difusión resultaba más bien una curiosidad local.
Mi vida en la maleza de los fantasmas, narrada en primera persona por un niño, relata la vida de una África todavía convulsa por los intereses imperiales de Europa y Estados Unidos, donde las comunidades eran azotadas por ejércitos para ver sus escasos bienes y modos de vida despedazados a cambio de la redefinición política, tanto de territorios como regímenes delineados por los poderes en juego.
En una de esas pequeñas comunidades, el protagonista es alcanzado por una sublevación armada de la que huye en compañía de su hermano, pero debido a su corta edad, terminan separándose y él se refugia en un área con vegetación, sin imaginar que a partir de ese momento su destino cambiará en forma definitiva, ya que ingresa a un mundo poblado por criaturas sobrenaturales.
A partir de ese punto inicia una de las odiseas más extrañas de la que se tenga noticias en Occidente, ya que pese a ser narrada por la voz de un niño que gradualmente crece y madura en un espacio más allá de toda norma, poblado por criaturas grotescas, en nada se compara con los cuentos de hadas.
En su momento la novela gozó de cierta fama, de tal manera que se hizo de un pequeño nicho entre las comunidades intelectuales que gustaban de los temas exóticos. El libro no tardó en llegar a manos de dos músicos prestigiados porque pertenecían a dos agrupaciones muy sólidas: Brian Eno, compositor y tecladista de Roxy Music, así como David Byrne, también compositor y vocalista de Talking Heads.
Cuando coincidieron en que la narración de Tutuola se prestaba para otra cosa, decidieron adaptarla y generar una versión musical de la novela, bajo la noción de que aquello que se escuchara tuviese un eco, un resabio tanto de los escenarios como de las criaturas del libro. Sin saberlo, ni planearlo, estaban confeccionando una de las obras musicales más importantes del siglo XX: My life in the bush of the ghosts.
Pese a que Charles Dodge, alumno de Claude Debussy, fue uno de los pioneros de la síntesis de voz; que Delia Derbyshire, tras haber usado única y exclusivamente cinta magnética para producir la primera pista de música electrónica; que Wendy Carlos musicalizó La naranja mecánica a partir de piezas clásicas con arreglos; que Kraftwerk y Tangerine Dream cambiaron la escena con el uso de teclados sintetizadores, incluso, que David Bowie experimentó en Low con “Warszawa”, el proyecto Eno/Byrne modificó todo.
Adentro de un verdadero laboratorio en el que se montaron grabadoras de carrete abierto, ecualizadores analógicos, receptores de radio de onda corta y FM, osciloscopios, entre otros, Eno y Byrne empezaron para un disco lo que hoy se conoce como diseño de sonido. A partir de grabaciones de radio captadas al azar, registros de sonido ambiental en las calles, apenas con uno que otro sintetizador, convirtieron bucles de ruidos en acordes de instrumentos, voces en atmósferas, bases de percusión, pero sobre todo, generaron un concepto integral derivado de una narración.
Una vez concluido en 1981, el disco se lanzó al mercado y la reacción no se hizo esperar. Desde quienes escucharon con asombro e incredulidad algo que jamás se había creado, hasta los que rechazaron el ruido caótico y les resultó intolerable. Hoy día, My life in the bush of the ghosts es la fuente de la que nació la inspiración para creadores como Moby, DJ Shadow, Aphex Twin, The Chemical Brothers, Steve Reich, Underworld, Blixa Bargeld de Einstürzende Neubauten, Ministry, Primal Scream, Cabaret Voltaire… Incluso los sellos musicales Beggars Banquet y 4AD asomaron su influencia.
Tras el rotundo éxito en la historia de la música, Eno y Byrne intentaron revivir su momento más grande como mancuerna creativa con Everything that happens will happen today (2008), pero sin la resonancia de su obra seminal, a falta de un hilo conductor como el que sirvió alguna vez la obra de Tutuola, apenas recordado.

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