El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador fue congruente ayer durante la conmemoración de los 81 años de la expropiación petrolera impulsada por el general Lázaro Cárdenas del Río. Dijo que con su gobierno llegó a su fin la etapa de neoliberalismo –o neoporfirismo como el mandatario la calificó– en la que los gobiernos pasados casi destruyen la industria petrolera nacional. Anunció acciones y obras que tienen por objetivo impulsar la producción petrolera, aumentar la capacidad de refinación y sobre todo, limpiar de corrupción a Pemex. Al recorrer la refinería de Tula, a la que comparó con un montón de fierros viejos, AMLO anunció que buscará rescatarla, así como a las otras cinco plantas que funcionan en distintas regiones del país. También anticipó que respetará los contratos celebrados con empresas privadas, pues no comprometen la soberanía energética de nuestro país. Es decir, aseguró que respetará la reforma energética que se aprobó durante el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto con ayuda del llamado Pacto por México. Presente en el acto celebrado en Tula, el gobernador Omar Fayad pronunció un discurso nacionalista, en el que ensalzó la lucha del expresidente Lázaro Cárdenas y al mismo tiempo la actual política energética de López Obrador, que se distingue por conservar la potestad del Estado sobre sus recursos estratégicos.

Discurso que, no obstante, contrasta con la defensa que hizo el entonces senador Fayad a la reforma energética que aprobó él y su partido, el PRI, cuando aún tenían una fuerte representación en el Congreso de la Unión. ¡Vaya que los tiempos cambian! De filón. Donde nada cambia es en la política local, donde tanto el ayuntamiento de Pachuca, en manos del PAN, como el Congreso local, en manos de Morena, se enfrentan cotidianamente a la maquinaria pesada del gobierno estatal que, a través de los medios que subsidia, un día y otro también vapulean a los actores políticos de oposición.

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