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López Obrador en Facebook

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Una colega me preguntó si algún presidente electo o “virtual presidente electo” había utilizado Facebook y otras redes sociales, como lo hizo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) la semana pasada para hacer una aclaración o réplica, en este caso, del polémico fideicomiso Por los demás.

Que yo recuerde, no; ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto. No olvidemos que Facebook nació en 2004, Youtube en 2005 y Twitter en 2006. Son redes sociodigitales que llevan poco tiempo entre nosotros, pero que están modificando de manera importante la comunicación entre gobernantes o “virtuales” gobernantes y gobernados. ¿O no Donald Trump?

A diferencia de muchos otros políticos, López Obrador ha sacado un enorme provecho de las redes sociodigitales (¡benditas sean!) para comunicar, para establecer una relación más estrecha o cercana con la ciudadanía, con mensajes sencillos, generados desde un jardín, una calle o, como ocurrió hace algunos días, en lo que parece ser su oficina de campaña.

En muchos de sus videos no hay encuadres especiales ni escenografía especialmente diseñada para la grabación ni vestimenta “acorde” a su posición política ni maquillaje ni mucho menos teleprompter. Simplemente es una grabación en video (suponemos desde un teléfono celular), que sin edición ni posproducción se sube de inmediato a las redes ¡y listo! En pocos minutos se viraliza y es tema en los grandes medios de comunicación.

Para no pocos expertos en imagen y en comunicación política, lo hecho por López Obrador sería contraproducente, distinto a lo que señalan los manuales de marketing. Al político y mucho más al que será presidente, por lo general, se le graba, se le retrata para exaltar una posición de poder y se cuidan los más mínimos detalles en la construcción de su imagen. El “virtual presidente electo” rompe esa lógica discursiva y presenta un cuadro de austeridad, acorde a su discurso político, que por lo visto le ha funcionado. Algo así no hubiese ocurrido con Peña Nieto, un personaje construido cuidadosamente desde la televisión, o con José Antonio Meade, si hubiese ganado las elecciones.

Esta sencillez en su manera de hablar y en la manera de llevar su mensaje en las redes sociales genera empatía, porque aparece como alguien cercano, que no posa, que es como cualquier persona y que no requiere de intermediarios (por ejemplo, una entrevista con un conductor afamado en un horario estelar de la televisión) para comunicar algo, lo que sea.

Esto también es interesante: para ese primer mensaje se privilegiaron las redes sociodigitales. Con ello se evitó cualquier tipo de mediación o interpretación, que poco pudo haber contribuido a su causa. Ya luego vino la conferencia de medios.

Un hecho, sin embargo, que no debemos pasar inadvertido. López Obrador ha aprovechado eficazmente las redes sociodigitales, pero su uso no dista mucho de lo que hacen la mayoría de los políticos. En su relación virtual con los usuarios de Facebook o Twitter la comunicación es totalmente vertical, como sucede en los medios tradicionales.

Excepcionalmente responde o interactúa con quien lo felicita, lo critica, le pregunta o le solicita algún apoyo. Es lógico que él no tiene tiempo de responder personalmente, pero sí lo puede hacer su equipo de comunicación. En esto también debe impulsarse un cambio.

“Prensa fifí”

En el mensaje referido sobre el fideicomiso hubo otros símbolos. López Obrador se hizo grabar, a su espalda, con un enorme cuadro con la imagen del presidente Benito Juárez y pequeñas esculturas del mismo Juárez, Emiliano Zapata, José María Morelos, Ricardo Flores Magón y Francisco Villa, colocadas sobre una pequeña mesa. Esto personajes, dijo al final del video, “nos guían… nos inspiramos de los ideales y de lo que hicieron en otros tiempos por luchar, por hacer valer la libertad, la justicia, la democracia, para hacer valer la soberanía nacional”. También estaba la escultura de Lázaro Cárdenas, pero no la mencionó.

No creo que haya sido intencional.

Poco antes de mostrar “su galería”, reiteró sus calificativos a la “prensa fifí”, a los conservadores, a la derecha, por la difusión “de mala fe”, para “enlodarnos”, de lo resuelto por el Instituto Nacional Electoral (INE) sobre el fideicomiso.

“El gobierno –dijo– era un comité al servicio de una minoría con toda una burocracia dorada a su servicio, incluyendo, desde luego, a voceros, a la ‘prensa fifí’”, que “ha difundido mucho” las supuestas ilegalidades de dicho fideicomiso. También recordó que el periódico Reforma publicó hace algunas semanas que Movimiento Regeneración Nacional (Morena) había gastado 59 millones de pesos en la impresión del periódico Regeneración, cuando en realidad se trataba de un monto de 59 mil pesos.

“Le pedimos que aclarara”, pero no lo hizo, dijo López Obrador. “Entonces no hay ética… ¿Qué les pido a los conservadores? Pues que actuemos todos con responsabilidad, con integridad, con principios y que también no confundan. No soy autoritario. Ellos quisieran estar calumniando con la máxima de la calumnia cuando no mancha tizna y quedarnos callados”. Y advirtió: “Cada vez que haya una calumnia en contra de nuestro movimiento, tengo el derecho de réplica y voy a contestar en buenos términos, de manera fraterna.

Ofrezco una disculpa si a veces digo las cosas fuertes, pero necesitamos ya que haya un cambio también de actitud. Ya basta que la derecha se dedique a mentir, a calumniar”.

López Obrador tendrá que acostumbrarse a la prensa que le cuestiona. Así funcionan los medios de comunicación en un Estado democrático.

Y muy bien hará en responder a dichos cuestionamientos o a las calumnias en contra de él o de su movimiento, pero “de manera fraterna” y no con calificativos, como lo ha hecho en diferentes ocasiones, porque es una manera de acosar a periodistas desde una posición de poder. No es lo mismo ser candidato o dirigente de un partido político que presidente de la República. La desinformación se revierte con información. Como futuro jefe del Ejecutivo cuenta y contará con espacios de sobra para aclarar su posición sobre cualquier tema de la agenda nacional y fortalecer el derecho a la información de la ciudadanía.

El próximo gobierno tiene varias herramientas a su alcance para reforzar la ética, la independencia, la responsabilidad de los medios de comunicación, sin dañar la libertad de expresión ni el periodismo de investigación ni la crítica, como la regulación de la publicidad gubernamental bajo principios de pluralidad y diversidad, la tutela y garantía de los derechos de las audiencias (que nulificó el gobierno de Peña Nieto), el fortalecimiento de los medios públicos y comunitarios, la abrogación de la anacrónica Ley de Imprenta, la reelaboración de ley reglamentaria del derecho de réplica, la ciudadanización de la comisión calificadora de publicaciones y revistas ilustradas, entre otras acciones. De eso y no de la “prensa fifí” deberíamos estar hablando. Los lectores y las audiencias también deseamos y reclamamos una nueva actitud del gobierno y de los medios que no se han adaptado a la nueva realidad democrática.

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