“En la vida real yo nací el 15 de marzo de 1962. Mi papá es corredor de seguros, y en casa se entretiene cuidando plantas. Mi mamá es ama de casa. Se conocieron cuando estudiaban juntos en la facultad, pero después ella abandonó para cuidarme mejor, dice. El nombre que me pusieron fue en homenaje a una pibita que trabajaba en la película Dar la cara, que se hizo leyendo el libro del escritor David Viñas. El 22 de septiembre de 1964, Quino me consiguió una recomendación para trabajar en la revista Primera Plana, y en marzo del ’65 me llevaron al diario El mundo.”

Y la misma Mafalda así se presentó en una carta que le escribió al director de la publicación Siete Días, donde se iba a empezar a publicar esa tira inolvidable, ya clásica, memorable, única, latente eternamente en mi vida.
En efecto, Mafalda me acompaña en mi bolsa de viaje y en mi pijama, es mi agenda para no olvidar y es el respaldo
de mi silla del cubículo para no desfallecer, para llenarme de humor, de amor
y de gozo. Mafalda está en mis paredes y en mis frases, no hay oportunidad en que no aproveche para citarla, para tomar aire en los tiempos difíciles, para reconciliarme con la vida.
Fue mi papá quien la llevó por primera vez a la casa, él trabajaba en la editorial que empezó a publicarla en México. Nunca lo olvido, me mostró ese cuadernillo horizontal, de portada colorida y me dijo: ¿A quién se parece esta niña”. Según él, Mafalda era igual a mí cuando era una niñita como ella. Desde ese momento gocé sus anécdotas, su sabia filosofía cotidiana, sus aventuras y hasta sus gestos.
Coincidimos en muchas cosas, yo igual que ella odio la sopa y amo a los Beatles. Tengo muchas amigas que se parecen a su gran cómplice Susanita. Amigos que tienen el perfil de Felipito o la ingenuidad de Miguelito. Hace poco mi querido amigo Vicente fue a Argentina, de donde es ella, y me trajo una hermosa libretita con imágenes y frases mafaldescas. Otros cómplices siempre que van a Argentina se toman foto con la figura que hay de ella en un hermoso parque y me escriben: Mafalda, te saluda.
Coincido con su humor y a veces con su pesimismo. Me encanta que tenga destellos de feminismo, que le guste escuchar la radio –Marthita Briones hace poco me regaló una hermosa figura de Mafalda escuchando la radio pero lo más lindo es que oía mi programa de radio “Quinto poder”–. A Mafalda no le gustan las guerras, siempre desea la paz. No quiere tener muchos vestidos sino mucha cultura. Es solidaria y muy prudente. Tiene la respuesta más precisa para cualquier situación extraña de la vida. Cuando mi hijo era pequeño y le decía que no le abriera a nadie si se quedaba solo en casa, me respondía como Mafalda: ¿Y si quien toca es la felicidad?
Mafalda, personaje creado por ese gran artista del trazo y el humor llamado Joaquín Lavado, mejor conocido como Quino.
Mafalda oficialmente ya cumple 55 años y sigue siendo una niña maravillosa.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.