GERARDO GIMÉNEZ
Pachuca

Muy bien es sabido lo cuestionado y vilipendiado que son los extremos de la vida en lo que a la esfera sexual se refiere. Los niños por ser niños, por existir la posibilidad de que, desde esa edad, ya se esté gestando un “enfermo o un monstruo” sexual. En cuanto al adulto mayor, se cree que ya quemó esa etapa de su vida, que no tiene derecho a la sexualidad ni al placer, o que ya están “muy viejitos para eso”. Además, ya se cumplió con su función de reproducción, a la que se ha asociado estrechamente la sexualidad.

Sin embargo…

Desde que se une el óvulo al espermatozoide, ya se constituye un ser sexual cuya existencia termina solo cuando finaliza su vida. Esa cualidad de ser sexual se mantiene y se manifiesta en todas las edades. La función sexual, como parte del funcionamiento normal de cada persona, debe preservarse hasta la muerte. Si presenta alguna dificultad, merma o desaparición, es porque algo está ocurriendo, ya sea psicológico, orgánico o sexológico.
Las personas adultas mayores que se mantienen sanas y han fomentado una vida sexual placentera y satisfactoria durante la juventud y la adultez pueden conservar su mismo patrón de frecuencia y sus niveles de pasión. Otros, quienes ya presentan enfermedades, por esas mismas condiciones y/o hasta el mismo tratamiento que llevan, pueden ver afectada esa área de sus vidas.
Lo que sí es necesario considerar es que nuestra respuesta sexual varía con la edad.
En el caso de las mujeres desaparece la congestión mamaria; el rubor sexual; existe aplanamiento, separación y engrosamiento de los labios mayores y menores; disminuye la lubricación vaginal; hay aumento del tono muscular, entre otros. No obstante, se mantiene la erección y la retracción del clítoris, así como la contracción de la musculatura del piso pélvico.
En el caso de los hombres, encontramos que desaparece la erección de los pezones, el rubor sexual, la sensación de inevitabilidad eyaculatoria, entre otras, Sin embargo, se mantiene la capacidad de obtener erecciones penianas.

Reglas de oro de la sexualidad del adulto mayor

*Mantener una práctica sexual continua y sana.
*Cuidar el estado de salud en general, evitando o controlando los factores de riesgo a través de revisiones periódicas.
*Conocer las variaciones fisiológicas de la respuesta sexual que tienen lugar con la edad, sobre todo que su desencadenamiento y la instalación de los cambios corporales de la excitación se vuelven más lentos y se requiere más estimulación física.
*Adaptarse a una nueva forma de coito si resulta difícil, sobre todo en lo que a posiciones y esfuerzo físico se refiere.
*Reconocerse como seres únicos y saberse con el derecho al sexo y al amor como todo ser humano.

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