Considero que el arte es una de las pocas actividades positivas y rescatables de la humanidad. Es una actividad libre y su libertad radica en que, la mayoría de las veces, el artista hace un gran esfuerzo para hacer algo de lo que no se va a obtener nada, al menos nada desde un enfoque económico. Es una actividad desinteresada. Ese es el carácter subversivo del arte. Vinculado con el pensamiento situacionista, diré que el arte hace del tiempo de ocio un ocio productivo.

Un artista, Francis Alÿs, reunió recursos suficientes para viajar a Lima y reclutar a 500 voluntarios para que entre todos, con palas, desplazaran una enorme duna de arena solo unas cuantas pulgadas de su lugar original. La obra se llama La fe mueve montañas.

Un artista, Rick Lowe, logró conseguir fondos para comprar casas abandonadas en un barrio afroamericano en Houston, después de restaurarlas, las ofreció a madres solteras para que vivieran ahí mientras concluían sus estudios. La obra se llama Proyecto casas alineadas.

Algunas piezas y acciones de arte no son comerciales, no son permanentes, son inmateriales, no son objetuales, luego entonces, ¿de qué viven estos artistas? En nuestro país, ser artista visual está relacionado con la diversificación de actividades.

Cuando estudié la licenciatura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en el taller 130 de pintura conocí a un compañero que le decíamos el Chepo. Era egresado de la licenciatura en artes visuales, trabajaba como despachador en una gasolinera y cuando terminaba su turno, invariablemente regresaba al taller a pintar telas coloridas enormes con texturas que lograba gracias al uso de pastas o sopas de letras. Telas para las que había poco mercado, por supuesto. Nuestro profesor, Luis René Alva, pintaba sus obras mientras nos daba clases. Desde entonces tuve claro que difícilmente viviría solo de pintar y de dibujar.

En México el mercado del arte es precario, en Hidalgo es inexistente. La mayoría de los artistas visuales no vivimos de nuestra producción artística. Además de trabajar en otras actividades relacionadas con el arte, concursamos regularmente para obtener apoyos a proyectos artísticos o culturales.

Nunca he conocido a un médico que tenga que dar clases para poder sobrevivir y que en su tiempo libre opere a sus pacientes sin ningún costo y con materiales que compró él mismo de su propia quincena. Las condiciones no son iguales para todas las profesiones y profesionistas. Por eso creo que las becas y los apoyos del gobierno o la propiedad privada hacia el arte son indispensables en México.

Recientemente, la artista y hoy senadora Jesusa Rodríguez afirmó que las becas del Fonca deberían desaparecer. Otros funcionarios han dejado entrever con sus comentarios que habrá un sesgo a ese tipo de apoyos, los cuales podrían privilegiar solo a aquellos proyectos culturales de impacto social. Algunos medios han publicado los nombres de artistas que obtuvieron el reconocimiento al Sistema Nacional de Creadores cinco o seis veces. El debate está en el aire. ¿Usted qué opina, las becas son un lujo o una necesidad en nuestra cultura?

Fe de erratas: El artículo publicado la semana pasada en este espacio, intitulado “Homenaje a la doctora Margarita Tortajada Quiroz por su honorable trayectoria y reconocimiento de la investigación de la danza en México” es de autoría de la maestra Julieta Galindo, no de Miguel Ledezma.

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