En los últimos días han ocurrido en nuestra capital hidalguense varios atracos al transporte público. La mañana del 3 de octubre, dos sujetos amagaron al conductor de una Urvan para despojarlo de la unidad que conducía, de la ruta hospital general-Cubitos-central. El 27 de septiembre, fue asaltada otra Urvan en el Bulevar del Minero por dos sujetos armados que despojaron a pasajeros de sus pertenencias y al chofer de la cuenta del día. También el primero de octubre dos sujetos asaltaron a otra camioneta similar, también en el Bulevar del Minero, siguiendo con la misma práctica, amagamiento, robo, intimidación.

El colmo de la impunidad se dio el jueves 3 de octubre, cuando el representante de los Transportistas Unidos de Hidalgo dio a conocer que también fue víctima de estos atracos sin cuartel, incluso hubo un herido en esta ocasión. Esperemos que no se llegue a la misma respuesta expuesta siempre que ocurren atracos violentos en nuestra entidad: “Son hechos aislados”, “son ajustes de cuentas”, “utilizan nuestra entidad como basurero para sus fechorías”. Esta ocasión, reiteramos los hidalguenses se dé pronta respuesta y que la justicia llegue y no solo sea palabrería.

Que cumpla el secretario de Seguridad Pública de Hidalgo (SSPH) Mauricio Delmar Saavedra cuando argumentó: “Mi renuncia está puesta en la mesa desde el primer día, porque por eso mi puesto es de confianza, soy un secretario, un servidor directo del gobernador y mi comisión es esa, trabajar en la Secretaría de Seguridad Pública, entonces si con eso se solucionará el problema yo sería el primero que la pondría en la mesa”. Lejos de fantocherías preferimos soluciones rápidas y certeras que no bastan con argumentar una renuncia, sino por el contrario, trabajar en recuperar la paz y estabilidad no solo para la capital hidalguense sino para el estado en general.

En la historia siempre han ocurrido este tipo de asaltos, los pillos han hecho de las suyas en múltiples ocasiones logrando con ello el caos y la incertidumbre de un nuevo amanecer sin violencia. Después de los acontecimientos acaecidos recientemente con estos múltiples atracos a los vehículos de transporte público en nuestra capital hidalguense pareciera que no es un hecho aislado recordar lo que significaba el riesgo de viajar y ser asaltado en la mitad del siglo XIX.

Una mañana de diciembre de 1851, desafiando los dos grados bajo cero de aquel amanecer toluqueño, dos estudiantes becados del Instituto Literario de Toluca estaban a punto de subirse a la diligencia que los llevaría a la Ciudad de México. Uno de estos adolescentes era Ignacio Manuel Altamirano, de 17 años; el otro, un compañero de estudios. Ambos habían hecho severos sacrificios para ahorrar los 40 pesos que les permitirían asomarse a la ciudad de los palacios y los teatros, aunque eran conscientes de que solo los verían por fuera, ya que la cantidad ahorrada no les alcanzaría para acudir a ningún espectáculo. Viajar en diligencia era el sueño de los provincianos y el recurso predilecto de la clase acomodada, pues los pobres se unían a las caravanas de arrieros para recorrer con lentitud los escabrosos y solitarios caminos del México de mitad del siglo XIX. Algunos caminos eran muy transitados, como este de Toluca a México, de manera que diariamente dos diligencias salían de Toluca y otras dos de México transportando cada una 10 o 12 pasajeros. El pasaje costaba 12 pesos ida y vuelta. Dado el precio del viaje y la dura prueba que para los huesos del viajero suponía el traqueteo del camino, en esa época se viajaba por necesidad y muy pocos lo hacían con la finalidad turística de dos estudiantes.

Además de estos inconvenientes, pesaba sobre los pasajeros el temor de ser asaltados por los bandidos que infestaban los caminos. Aquellos plateados, llamados así porque adornaban de plata su ropa y montura, aparecían por todas partes en gavillas de entre cinco y 100 hombres. En torno a ellos corrían muchos mitos e historias, lo que hacía el tema de conversación de los viajeros.

Los estudiantes escuchaban curiosos y se alegraron de haber adquirido en Toluca una libranza, antecedente del seguro de viajero, documento que les permitiría retirar la suma contratada en la Ciudad de México. El resto de los pasajeros no tomaron esta precaución, confiaron su vida y sus bienes a la protección de los 15 dragones que escoltaban la diligencia.

Después de unas horas de viaje, el comandante de los dragones avisó que se alejarían para revisar los alrededores. Más, no bien se habían separado del vehículo, cuando una gavilla de plateados salió de la espesura del bosque. Mientras unos cuantos saqueaban los equipajes, otros bajaron a los pasajeros, a quienes obligaron tenderse boca abajo. En pocos minutos se llevaron las joyas y el dinero y desaparecieron en el bosque dejando a los pasajeros aturdidos en medio de aquel desorden de ropa y papeles. Cuando pudieron reaccionar, agradecieron haber caído en manos de bandidos caballerosos, pues respetaron a las señoras y no dejaron en cueros a los pasajeros. Además, el asalto no dejó muertos ni heridos.

Los bandoleros, cuatreros, ingratos e infames asaltantes siempre han existido en la historia no solo de México, sino del mundo entero; lamentables historias de atracadores que se dan cita para quitarles las pertenencias a los viajeros que cómodamente se trasladan para llegar a su destino y en el camino se topan con amantes de lo ajeno son innumerables. Sin embargo, a pesar de saberse la existencia de este mal social, quienes siempre hacen caso omiso de los latrocinios cometidos por los asaltantes son las autoridades que en muchas ocasiones, incluso, están coludidas con los maleantes. ¿Tú lo crees?… Yo también.

Comentarios

Artículo anteriorMaryam Mirzakhani, mujer enamorada de las matemáticas
Artículo siguienteProblemas de pretemporada
Avatar
Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.